Todo




—Señorita Rosa, este es el plan para simular su muerte. ¿Desea 'caer por un precipicio y morir'? El día de la transmisión mundial sería en su boda, dentro de dos semanas.—Sí.El encargado le habló con tono grave: — Una vez que usted desaparezca públicamente, ya no podrá recuperar su identidad actual.Rosa Salazar apretó con fuerza el plan que sostenía en la mano y asintió con determinación.—Sí, estoy segura.Al salir del edificio, Rosa se encontró de frente con la enorme pantalla del centro comercial, donde se transmitía el video del anuncio de compromiso. Ahí estaba Ezequiel Figueroa, abrazándola.Él, apuesto y de familia influyente. Y ella, hermosa y de figura esbelta. Incluso los autos que pasaban disminuían la velocidad, cautivados por la imagen.En el video, Ezequiel la sostenía con fuerza entre sus brazos. Siempre había sido resuelto y tajante, pero en ese momento sus ojos estaban enrojecidos y su voz temblaba de manera incontrolable:—Hoy es el día más importante de mi vida, porque la señorita Rosa ha aceptado casarse conmigo. Quiero invitar solemnemente a todos a presenciar la transmisión global de nuestra boda el próximo mes... 




Cuando Diego Pérez se enteró de que yo, por iniciativa propia, había cedido un proyecto multimillonario a su asistente favorita, Cristina Ruiz, creyó que los tres meses de indiferencia hacia mí finalmente habían surtido efecto.De pronto, propuso que fuéramos juntos a Islandia para nuestra luna de miel.Al saberlo, Cristina se llenó de celos y amenazó con renunciar a la empresa.Diego pasó tres días y tres noches consolándola y, al final, aprovechando una supuesta reunión de trabajo, volvió a posponer nuestra luna de miel y le dio a Cristina el otro billete.Después, Diego me lo explicó con total indiferencia:—Las cuestiones sentimentales son secundarias, lo importante es el trabajo. Como jefe, tengo que priorizar mi responsabilidad laboral.—Tú eres mi esposa, deberías apoyarme, ¿verdad?Miré la foto de perfil que Cristina acababa de subir a WhatsApp, una imagen de ambos, muy juntos, haciendo un gesto de corazón. No respondí nada, solo asentí con la cabeza.Diego, creyendo que me había vuelto comprensiva y madura, estaba encantado. Incluso prometió que, cuando regresáramos al país, me compensaría con una luna de miel aún más romántica.Pero él no sabía nada.Yo ya había presentado mi renuncia y él hacía tiempo que había firmado el acuerdo de divorcio.No nos quedaba ningún futuro juntos. 


Después de cinco años de matrimonio y tras haber intentado la fecundación in vitro noventa y nueve veces, Ángela Díaz finalmente quedó embarazada.Llevaba en la mano el informe del examen y regresó a casa para compartir su alegría con Rubén García, pero, al acercarse, escuchó las voces burlonas de él y su amigo.—Le he estado ocultando tres cosas a Ángela.—Primero, falsifiqué su informe de infertilidad y la engañé para que se sometiera a noventa y nueve tratamientos de fecundación.—Segundo, el hijo que lleva en el vientre es de José García; no tiene nada que ver conmigo.—Tercero, la mujer a quien siempre he amado es Susana Díaz.Ángela sintió que caía en un abismo, pero las voces dentro del despacho seguían resonando.—En la cena de nuestro quinto aniversario, dentro de una semana, el abuelo anunciará que heredaré los negocios de la familia. En ese momento, haré que todos sepan que Ángela y ese bastardo, José, mantienen una relación impropia.Ángela temblaba de rabia. Apretó con fuerza el informe de embarazo hasta arrugarlo y desbloqueó el número de José.[José, quiero hablar contigo sobre un gran negocio]. 

Mi hermana, caprichosa, se escapó de su boda y me enviaron en su lugar para atender al noble Samuel Navarro en ciudad Coral.Sin embargo, en cuanto ella regresó, fui abandonada de inmediato.Durante esos tres años, fui yo quien estuvo a su lado, lo cuidó y también quien soportó sus humillaciones y burlas.Me costó mucho esfuerzo lograr que se interesara en mí, y ahora que por fin lo había conseguido, mi hermana quería llegar y disfrutar como si nada de los frutos de mi trabajo. ¿Acaso yo iba a permitirlo?Todos pensaban que yo estaba locamente enamorada de él, aún el propio Samuel lo creía.Pero justo el día en que él me propuso matrimonio con toda la pompa, tomé el anillo, se lo tiré en la cara y le sonreí con determinación: —Solo era un juego, ¿cómo pudiste tomártelo en serio? 
En el tercer año de matrimonio, la hermana adoptiva de Julián Barrera cayó en la adicción a los anestésicos.Sofía Medina, sin decirle nada a Julián, la envió a un centro de rehabilitación en Suiza para recibir tratamiento.Pero el avión sufrió un accidente, y la hermana adoptiva murió sin dejar rastro alguno de su cuerpo.Desde aquel día, Julián perdió la razón.Destruyó el Grupo Celestia, obligó a los padres de Sofía, Cristian y Vanessa, a lanzarse por la ventana, y él mismo drogó a Sofía para luego abandonarla en un callejón detrás de un bar.Sofía fue ultrajada hasta morir.En el instante en que cerró los ojos, Julián la observó desde lo alto, con la mirada desbordada de locura. —¡Tú hiciste que María muriera sin dejar cuerpo, así que haré que tus huesos sean devorados por los perros callejeros!En los ojos de Julián, la obsesión y el amor enfermizo hacia su hermana adoptiva, María Romero, hicieron que Sofía comprendiera al fin el sentimiento prohibido y oculto que él albergaba en lo más profundo de su corazón.Cuando volvió a abrir los ojos, Sofía había renacido. 
El día de la boda, Alejandro Pineda me quitó el vestido de novia y se lo puso personalmente a mi hermanastra.Con el rostro frío, me miró y dijo:—El título es para ti, pero el amor es para Malena. Cuando termine esta boda, iremos a registrar el matrimonio.A nuestro alrededor, la gente reía y apostaba si volvería a ser tan obediente como siempre.Después de todo, había esperado sola durante cinco años por este compromiso.Pero al salir de la iglesia, marqué un número.—Tía, lo que me propuso antes, lo acepto.Esa misma noche, un avión privado me llevó hacia mi nuevo hogar.Desde ese instante, el mundo de Alejandro y el mío quedaron completamente separados.Cinco años después, asistí a una recepción con mi hija en brazos.Y justo en la entrada, me topé con Alejandro, a quien no veía desde hacía cinco años.Cuando vio a la niña en mis brazos, una sonrisa de comprensión apareció en su rostro.—Cinco años, y al final volviste. Entrégale la niña a Malena para que la adopte; así, todavía podrá llamarme papá.Él no sabía que la niña no era suya. 





—Administrador, solicito salir del mundo de mis misiones...El Administrador, quien había sido convocado, apareció rápidamente: —María, tu solicitud ha sido aprobada. Ahora tienes medio mes para despedirte de tu familia en este mundo...Tras decir esto, El Administrador desapareció nuevamente frente a ella. María Navarro permaneció inmóvil, hasta que lentamente dirigió la mirada hacia una foto familiar sobre la mesa. En la foto, su esposo y su hijo la besaban tiernamente en ambas mejillas, con ojos llenos de amor. Aquella escena tan feliz la sumió en una extraña sensación de desorientación. Nadie sabía que María era una estratega. Diez años atrás, El Administrador la había traído a este mundo con la misión de conquistar al príncipe heredero de Sombrales, Alejandro Pérez. Durante esos diez años, desde los días en la escuela hasta el altar, no solo completó con éxito su tarea, sino que también se enamoró del objetivo de su misión. 

Cuando Silvia González empujó la puerta del privado, justo escuchó a un grupo de hombres discutiendo sobre lo maravilloso que es el sentimiento del primer amor. —Ramón, todos hemos hablado, ahora es tu turno, no intentes esconderte. —Al escuchar ese nombre, la mano de Silvia se detuvo en la puerta. Después de un largo silencio, Ramón tomó un sorbo de su bebida y, momentos después, su voz baja y embriagada resonó. —Tengo tatuado su nombre cerca de mi corazón, y aún no lo he borrado...Mi chaqueta de motociclista tiene una mancha de sangre, es de nuestra primera vez juntos y siempre la he atesorado...Mi actual novia es su sustituta. 
—Señorita González, hemos cometido un error. El receptor del trasplante de corazón de su novio no es el presidente de Grupo Santos, el señor Santos, sino otra persona… Esa persona está ahora en Costadorada.La voz al otro lado del teléfono estaba llena de disculpas. Flavia González guardó silencio durante mucho tiempo antes de finalmente responder, mientras el otro lado contenía la respiración con evidente nerviosismo.—Ya lo sé.Justo cuando presionó el botón para colgar, la puerta de la habitación se abrió de golpe. Manuel Santos irrumpió con el rostro lleno de urgencia, y al verla, la tomó de la muñeca sin darle tiempo a reaccionar.—¡Ven conmigo!Sin una sola explicación, la arrastró fuera y la metió en el carro a la fuerza. El vehículo avanzaba a toda velocidad, atravesando semáforo tras semáforo en rojo. En sus oídos solo quedaban el rugido del motor y el silbido del viento cortando el aire.Los dedos de Manuel golpeaban repetidamente el volante, produciendo un sonido rítmico y seco que delataba su impaciencia. 



Cuando tenía veinte años, Julieta Barrera se casó con Eugenio Díaz, el amigo de toda la vida de su padre.Él era ocho años mayor que ella, famoso en los círculos sociales por ser implacable en los negocios, y jamás se le conoció relación alguna con mujeres. Sin embargo, con ella era de veras bastante tierno.Si alguna vez ella decía al pasar: "Ese collar es bonito", al día siguiente alguien llegaba a sus manos una joya avaluada en millones de dólares.Cuando ella se retorcía de agudo dolor en la cama durante su periodo, él dejaba de lado proyectos millonarios para prepararle personalmente agua con azúcar morena, animándola de todas las formas a tomarla, cucharada a cucharada.En los momentos de pasión, él le sujetaba la cintura, con voz ronca la llamaba con amor "querida", le decía que era buena y que lo tenía adicto por completo a ella.Incluso, todos sus perfiles en redes sociales llevaban el mismo nombre: "Para Elisa".Ella siempre creyó que era en conmemoración del día en que se conocieron, cuando ella tocó esa magistral pieza de piano frente a él.Hasta el día en que, en la oficina de él, encontró un viejo y empolvado álbum de fotos. 
Soy la pareja marcada del hombre lobo Lucas Ruiz.Se dice que la pareja marcada tiene un significado especial para los hombres lobo. Ellos están dispuestos a sacrificar todo, incluso la vida, para proteger a su amada.Pero en la noche de luna llena, cuando fui acorralada por un grupo de vampiros y estaba al borde de la muerte, Lucas solo me observaba con los brazos cruzados mientras me torturaban hasta la muerte.El mayordomo, un hombre lobo también, se arrodilló humildemente para rogarle que me salvara, pero él tomó en brazos a una transeúnte desmayada por el miedo y se marchó.Solo porque dijo:—Mientras la marca siga ahí, ella no morirá.Cuando estaba a punto de morir, intenté vender mi alma al diablo para aliviar el dolor.Pero oí a alguien reír burlonamente en el aire:—Si quieres vender tu alma, busca a alguien que pueda pagar el precio. ¿Qué puede hacer un diablo? ¿Por qué no haces un trato conmigo? 
A los veinte años, Mónica Rivas se casó con Ramiro Sánchez, quien padecía autismo.
Durante cinco años de matrimonio, Ramiro fue un bloque de hielo que nunca logró calentar y le impuso tres reglas: no hablar, no tocarlo y, mucho menos, tener intimidad.
Hasta que llegó el terremoto. Ella, por puro instinto, se lanzó sobre Ramiro para protegerlo.
Lo que sí vio fue a Ramiro cubriendo con cuidado a otra chica y huyendo sin mirar atrás, mientras todo se venía abajo.
Cuando despertó en el hospital, llena de heridas, lo primero que hizo fue buscarlo.
Y justo alcanzó a escuchar a aquella chica decir con suavidad:
—Ramiro, solo tengo unos raspones; de verdad estoy bien. Tu esposa parece haber salido muy lastimada, ¿no vas a verla?
Tras un breve silencio, la voz fría y clara de Ramiro atravesó la puerta:
—No me gusta ella.
—Su vida o su muerte no tienen nada que ver conmigo.
En ese instante, el corazón de Mónica se volvió ceniza.
Por eso, cuando el abuelo de Ramiro, Ignacio Sánchez, llegó al hospital, ella lo miró y solo hizo una petición:
—Abuelo, por favor, ¡déjeme divorciarme de Ramiro! 
Para cambiar la personalidad llamativa de Dolores Ruiz, su padre había llamado a su subordinado de mayor confianza, Guillermo Fernández, para disciplinarla.Ella, por supuesto, no podía aceptar la disciplina de un presidente de una sucursal.Así que, ideaba distintas formas para obligarlo a darse por vencido.El primer día de trabajo, rompió su Porsche.Pero Guillermo solo la miró de reojo y dijo, con calma: —Lleven el auto al taller, el costo de la reparación se descontará del salario de Dolores.Al segundo día, ella cambió sus documentos y la presentación de la reunión por una película porno.Guillermo no se inmutó. Dictó de memoria todo el contenido del plan original, consiguió con éxito el proyecto clave y dejó a todos asombrados.Dolores no se rindió: durante una comida, echó droga en su copa, queriendo que él hiciera el ridículo en público.Pero no había imaginado que él, en cambio, la llevaría cargada a la suite presidencial, donde la atormentó hasta casi partirle la cintura... 
Enrique Reyes y Antonia Escobar eran las dos leyendas más míticas del mundo jurídico.Él, en la zona de Llano Azul, jamás había perdido un solo caso penal.Ella, en Miraflores, estaba invicta en un sinfín de batallas civiles.En el círculo jurídico se decía que eran "los dos titanes del norte y del sur, quienes evitaban siempre un enfrentamiento directo".Pero lo que nadie sabía era esto:Hacía tres años, Antonia se había casado en secreto con Enrique, ocultando su verdadera identidad.Antonia eligió convertirse en su dócil esposa, prepararle sopa, acompañarlo a sus compromisos sociales y dejarle la luz encendida por las noches.Pero ahora, Antonia ya no quería seguir fingiendo. 
—¡Hola, quiero emigrar a otro país!Margarita Hernández se paró frente a la ventanilla y entregó al funcionario del otro lado del vidrio todos los documentos que había preparado.El funcionario revisó los papeles y estampó el sello correspondiente en cada uno. Luego, sacó otra hoja y se la pasó a ella.—Señora, en quince días su trámite estará listo. Le pedimos que tenga paciencia.Margarita asintió con la mirada, se dio la vuelta y caminó hacia la salida. Sin embargo, justo cuando estaba por irse, escuchó el murmullo de los empleados detrás de ella.—¿Estoy viendo mal o es la señora Rodríguez la que está pidiendo emigrar? ¿Acaso discutió con el gerente Raúl?—Pero, aunque hayan discutido, ¿no es demasiado irse del país por eso? Si el gerente Raúl es famoso por ser un esposo amoroso, ¿qué pudo haber pasado para que la señora Rodríguez tomara una decisión tan difícil?—Ni que lo digas... Hace cinco años, la boda de ensueño que le organizó a la señora Rodríguez fue un evento que dio la vuelta al mundo. Hasta yo, que casi ni uso internet, me enteré. Hace tres años, cuando ella tuvo aquel accidente en el carro y el banco de sangre no tenía suficientes reservas, el gerente Raúl ignoró todas las advertencias y donó hasta la última gota de sangre que pudo para salvarla. Hace un año, la señora Rodríguez desapareció por tan solo una hora y él movilizó a todos los medios de comunicación para encontrarla. Y ahora ella se va a escondidas... Él se va a volver loco.Margarita escuchó las conversaciones a su espalda y una leve sonrisa apareció, aunque en sus ojos solo quedaba una profunda sorpresa.Sí, todo el mundo sabía cuánto la amaba Raúl Rodríguez. 

Cuando Rosa Navarro abrió los ojos, descubrió que había vuelto cincuenta años atrás.En su vida pasada murió en un hospital, y solo entonces supo que su esposo, Carlos Ruiz, había estado con su amor de juventud, Patricia, durante cincuenta años.Carlos pasaba veinte días al mes por trabajo, pero en realidad viajaba con Patricia.Toda la familia lo sabía, excepto ella.Y la razón por la que Carlos nunca se casó con Patricia fue porque no quería verla confinada en una cocina.Él quería que fuera la princesa sostenida en la palma de su mano, mientras que Rosa apenas servía para ser la mujer atrapada entre ollas y fogones.El día que Rosa murió, todos dijeron que tenía el corazón demasiado estrecho, que merecía morirse de rabia. 
Todos decían que Abelardo Torres amaba a Gloria Navarro como a su propia vida.La persiguió y mimó durante diez años, cada vez que ella arrugaba la frente, a él le dolía el corazón durante medio día.Pero fue este mismo Abelardo quien la traicionó exactamente tres veces.La primera vez, fue en una conferencia de negocios, un rival lo drogó y terminó teniendo relaciones con una estudiante universitaria.El día que Gloria le pidió el divorcio, él mandó a la estudiante al extranjero y esa misma noche él se quedó bajo la lluvia, frente al edificio de Gloria, durante tres días y tres noches.Le dijo: —Glori, me equivoqué, perdóname esta vez.Gloria miró palidez y, al final, su corazón se ablandó. 

¡¡¡TRAICIÓN!!! Esta palabra marcó toda mi vida. Soy Elvina Ruciano, cien por cien mujer loba, miembro de la manada Crescent Moon, esta manada está llena de lobos egoístas y poco confiables que han olvidado de qué se trata una manada.Cuando tenía dieciséis años mi novio me engañó con un chico, todos sabían que era gay, pero me lo mantuvieron en secreto. Y a los dieciocho, cuando mi compañero predestinado, el hijo del alfa, se acostaba con cada loba de la manada que se bajaba los pantalones, ellos también guardaban silencio.¡Estos traidores! Debido a que no quedé embarazada en ese año, no tuve ningún cachorro para continuar con el linaje alfa, pensaron que no valía la pena ser Luna. Se volvieron contra mí, incluso se volvieron hostiles y mi vida estuvo en peligro.¡Eso es todo! ¡¡Me voy!! ¡Para vivir con humanos, sí!Dos años en tierra humana y ahora soy una vicepresidenta exitosa en una empresa prestigiosa y asquerosamente rico. Aquí me encuentro con mi jefe, el divinamente apuesto multimillonario Jacabo Santiago. Me enamoro perdidamente de él, pero ¿puedo confiar en él?Pero entonces la vida da un giro. Mi manada indigna quiere que regrese, están en declive y necesitan urgentemente fondos y su luna. A pesar de rechazar a mi pareja, él insiste en que retomemos nuestra relación e incluso me secuestró.¿Debo volver con la pareja que la Diosa de la Luna eligió para mí o mi mejor destino es vivir con Jacabo, quien dice que me amará hasta la muerte? 
Noelia Jiménez había estado con Antonio Cordero durante diez miserables años, creyendo haber satisfecho todas las necesidades y caprichos de él. Pero cuando su madre sufrió un grave accidente de tráfico y cayó en un estado crítico de salud, él la dejo botada en el hospital, para ir a la estación de policía a socorrer y pagar la fianza de la miserable que había causado que su madre estuviese en el hospital. Tiempo después su madre falleció, y a él esto no le importo, en cambio, él se fue de viaje al extranjero con la mujer que le gustaba. Noelia lo confrontó una y otra vez mientras sostenía la urna con las cenizas de su madre, y él respondió: —Si no puedes soportarlo, lárgate entonces de mi vida. Entonces, Noelia se resignó. Antonio la siguió e intentó reclamarle por su relación con dos certificados de matrimonio en las manos, pronuncio, —Noelita, estamos casados y esto no lo puedes evitar tan fácil. Al ver los documentos que aparecieron de repente, Noelia, con el brazo del hombre que la acompañaba, casi se dobló de la risa. —Tío. Sin mirarlo ni por un solo instante, ella lanzó el certificado del matrimonio en la cara de Antonio y lo avergonzó con una risa, —No tienes vergüenza alguna, canalla. En esos tiempos, un amor que llegó de la nada y tan tarde no tenía valor alguno. … Todo el mundo sabía muy bien que Noelia era muy reservada y discreta, mientras que Antonio era un indomable rebelde sin causa. Dos personas completamente diferentes que, debido a una farsa, habían tenido que compartir una década de ida juntos. Ella pensó que su compromiso desde jóvenes, debido al tiempo que llevaban juntos, se convertiría naturalmente en amor y profunda pasión propia de una pareja que se quiere mucho. Pero solo cuando vio a Antonio sonrojarse por otra persona, se dio cuenta demasiado tarde de que Antonio no era como un mar silencioso, simplemente no era capaz de agitar olas o cualquier tipo de problema que se le presentara en el camino por ella. Su encuentro fue un grave error desde el principio. Así que, como las mareas que retroceden constantemente, no había necesidad alguna de recordarme. 
Sonia Gómez había renacido, regresando al día en que le confesó su amor a Diego Pérez por quincuagésima sexta vez.Rosas, velas, un violinista... Todo era exactamente como en sus recuerdos. Estaba de pie en el centro del restaurante, observando cada detalle que había preparado con esmero, y sentía las puntas de los dedos heladas.Al instante siguiente, la puerta se abrió.Diego apareció en el umbral, impecable con su traje, los rasgos afilados como una cuchilla. Su mirada recorrió la decoración y, al posarse en ella, su expresión se oscureció de inmediato.—¿Hasta cuándo vas a seguir con estas tonterías?—Nos llevamos diez años, te he criado desde niña. ¿Cómo puedes desearme? —Dijo Diego, avanzando con paso firme y aplastando algunos pétalos. —¡Olvídate de esa idea cuanto antes! 


El aristócrata de la alta sociedad capitalina, Santiago Ortiz, se enamoró de mi hermana Marina y quiso mantenerla como su amante.Yo, como sabía que Marina iba a casarse, borré en secreto los mensajes que él le enviaba.Después de graduarse, ella empezó a trabajar, se casó y formó una familia feliz.Hasta que, en el hospital, se topó con Santiago quien acompañaba a su novia Leticia a un control prenatal.Al enterarse de la verdad, ella me odió profundamente y dijo que yo había destruido su sueño de casarse con un aristócrata.Más tarde, la noticia de que Santiago se casó con una chica de clase baja se volvió tendencia en las redes sociales.Ella, a raíz del acontecimiento, recayó en la depresión y me empujó desde lo alto de un edificio.Luego, al vivir una vez más, no eliminé aquel mensaje.Y vi cómo Marina caminaba paso a paso hacia el infierno. 

"¡Impactante! La joven de la influyente familia de Ciudad Solarena recoge a su primer amor en el aeropuerto en plena noche. ¡Se sospecha que el viejo amor ha renacido!" En la animada imagen de la noticia, bajo una intensa lluvia en el aeropuerto, una mujer con un vestido blanco corre sonriente hacia el abrazo de un hombre vestido de negro. Él sostiene un paraguas, inclinándolo sobre la cabeza de ella, protegiéndola con delicadeza. Esta imagen ha sido compartida frenéticamente por innumerables usuarios en línea, y muchas personas han comenzado a simpatizar con esta pareja a raíz de la noticia. En un restaurante francés, Saúl Sánchez amplía y reduce la imagen de la noticia repetidamente, pero no logra descifrar claramente la expresión en el rostro de la mujer. De repente, una voz inquisitiva resuena a su lado. —Señor, nuestro restaurante está por cerrar, ¿desea seguir esperando aquí? 
Roberto Velandros acompañó a Gisela Arandez desde la zona minera del noroeste hasta el confín de África, convirtiéndose en una relación basada en el apoyo mutuo.
Cuando Gisela cayó en desgracia y se convirtió en el desecho de su familia, él lo apostó todo para acompañarla, convencido de que ella, sin duda, saldría vencedora.
Una semana antes, Gisela por fin había ganado.
Adolfo, de la familia Arandez, la recibió personalmente de vuelta en Nueva York, asumió el control del poder real y se encontraba en la cúspide de su prestigio.
Todos pensaban que esta relación, forjada en el barro, por fin alcanzaría un final perfecto.
—¡Roberto, de verdad, después de tanta amargura, por fin llegó la dulzura!
El mensaje de voz que le envió su buen amigo Gustavo Rivaldo por Instagram temblaba de emoción.
—¡Durante estos tres años Gisela se partió el alma trabajando! Incluso sus amigas dicen que avanzó sin dormir ni descansar, ¡todo para volver cuanto antes y casarse contigo!
Roberto sostuvo el teléfono, y en su corazón se extendió una cálida brisa.
Bajó la mirada hacia sus dedos envueltos en curitas; eran las marcas que había dejado en los últimos días aprendiendo a hacer arreglos florales en la floristería.
Practicaba con enorme dedicación, pensando únicamente en que esa noche, en el banquete de celebración de ella, podría regalarle un ramo hecho por sus propias manos.
De pronto, desde fuera de la puerta entreabierta de la floristería, llegó la voz que tanto anhelaba. 

Jacqueline Chávez, después de renacer, era como una persona diferente.
Ya no se levantaba antes del amanecer para preparar el desayuno para Augusto Torres, calcular los tiempos, ponerlo en un recipiente y llevarlo hasta la sede del grupo, solo para que él pudiera probar el sabor de la comida casera.
Tampoco volvía todas las tardes al jardín infantil a recoger a su hijo, mientras lo escuchaba contar sobre las canciones que había aprendido ese día.
Ni siquiera cuando su hijo tuvo un accidente y fue ingresado al hospital le importaron las múltiples llamadas de Augusto.
No fue la número treinta y ocho que contestó, con toda la calma del mundo.
La voz de Augusto, que al principio sonaba ansiosa, estaba cargada de ira. —Víctor tuvo un accidente. ¿Lo sabías?
Jacqueline, tenía la mirada fija en los documentos frente a ella y respondió con una voz plana e indiferente: —Lo sé. ¿No me llamaste ya muchas de veces? 
Hace tres años, sostenía entre las manos el diagnóstico de cáncer de estómago y, aun así, sonreía para consolar a Cipriano Toráñez, cuyos ojos mantenían enrojecidos.
—Es un simple cáncer, se puede afrontar con fe.
Cipriano, en cambio, lloró hasta desmoronarse y me abrazó con tanta fuerza que me dolía la cabeza.
—Amelia Domenza, prométeme que vas a estar bien.
—¡Te esperaré a que regreses sana para casarte conmigo!
Para poder seguir viviendo, me extirparon casi por completo el estómago.
Cada día, lo único que me aguardaba eran montones y montones de medicamentos y una quimioterapia interminable.
Tres años después, por fin me había recuperado y regresé de nuevo al lado de Cipriano.
En el banquete de bienvenida, una amiga suya, sonriente, alzó la copa.
—Durante estos años que estuviste en el extranjero, Cipriano siempre te ha pertenecido solo a ti.
—Cada noche estuve en su cama vigilando por ti, asegurándome de que bajo su edredón no hubiera nadie más.
—¡Incluso le dejé una marca exclusiva de prohibido acercarse!
El bullicioso banquete quedó de pronto tan silencioso que se habría podido escuchar caer un alfiler.
Forcé a ignorar el dolor fino y opresivo que me apretaba el corazón.
También sonreí y alcé la copa en respuesta.
—¿Entonces debería darte un premio a la profesional más dedicada? 

Llevaba tres años casada con Alpha Ernesto. Sin embargo, nuestra relación cambió drásticamente tras la muerte de su hermano. Él prefirió a la viuda de su hermano, Maia, antes que a mí, su Luna verdadera. Y yo, opté por tolerar todo esto porque amaba a mi compañero y creía que estábamos destinados a estar juntos.Desafortunadamente, las cosas empeoraron cuando Maia me inculpó de su pérdida del niño. Pensé que Ernesto me creería; sin embargo se puso del lado de su cuñada. Con todo esto, decidí que era hora de terminar nuestra relación."Por favor, Amelia, vuelve conmigo y sé mi Luna otra vez", me suplicó Ernesto. "Ni siquiera cumples los requisitos para ser mi Omega. ¿Qué te hace pensar que querría ser tu Luna?", me burlé. 
La familia de María Fernández y la mía han sido aliadas durante generaciones, y desde que éramos niños, se acordó nuestro compromiso matrimonial.Sin embargo, a pesar de ser mi prometida, ella se enamoró del hombre que era más conocido como el patán del campus universitario.Para protegerla de ser engañada, usé mis contactos para conseguir que la transfirieran de universidad.Pero, justo antes de graduarnos, un camión vino directo hacia mí.Ella me miraba desde arriba, con desprecio en sus ojos.—¿Por qué decidieron cuando éramos niños con quién me iba a casar? ¡Si no fuera por ti, ya habría encontrado a mi verdadero amor!Cuando volví a abrir los ojos, había renacido en mis días de universidad.Ese hombre, con su aire de arrogancia, me confrontó.—¿Eres el prometido de María?Negué con la cabeza, —No, no lo soy. 
Incluso el corazón más frío pronto se calentaría si seguía aferrándose a él. Eso era lo que ella creía. Por eso se convirtió en su esposa no amada. Desafortunadamente, toda su piedad sólo condujo a un divorcio cruel. "Ella está despierta ahora", le dijo. “Baja y aléjate, miserable impostor”. Luego, se fue. Cuando regresó, fue porque necesitaba que ella hiciera algo que sólo un impostor podía hacer: ir a la cárcel por el crimen de la chica de sus sueños. Deirdre McKinnon fue condenada a perdición. Ella perdió a su bebé antes de que naciera y también su rostro debido a la violencia. Incluso perdió su vista. Fueron dos meses de una pesadilla infernal. Por fin, algo murió dentro de su corazón. Dos años después, encontró otro hombre, pero cuando Brendan Brighthall la conoció por pura casualidad, un nuevo sentimiento nació en su corazón: los celos. No había ningún medio demasiado terrible, ningún plan demasiado clandestino... no si eso significaba que volvería a poseer el corazón de Deirdre. Y, sin embargo, ella simplemente se negó a amarlo más. “¡¿Qué quieres que haga, Deirdre McKinnon?! ¿Qué debo hacer para volver a los buenos tiempos de ese entonces? Sus ojos se pusieron rojos. “¡Te daré todo lo que tengo!” “Me diste una baratija de cobre hace dos años. Era una lamentable excusa para un anillo de bodas y, sin embargo, lo cuidaba como si fuera la joya más preciosa del mundo… “¿Pero ahora? Nada de lo que puedas dar valdría la pena ni remotamente. Ni siquiera tú." 
[El hombre lo pierde todo y queda sin la protagonista + El segundo protagonista masculino toma el control y la conquista]Después de pasar ocho años junto a José Cordero sin poder hacer pública su relación, al final descubrió que para él no era más que un pasatiempo.Incluso, por los intereses de su familia, él iba a casarse con otra persona.—Dijiste que solo te interesaba mi cuerpo. Entonces, si nos separamos, tampoco cuenta como si yo hubiera sido el que empezó todo, ¿no?Nancy Reyes aguantó en silencio y sonrió. —Por supuesto que no cuenta. Así que, de ahora en adelante, cada quien por su lado.Ella lo echó sin titubear y se fue a conquistar al hombre más enigmático de su círculo.Como era de esperarse, al ver a la mujer que creía suya en brazos de otro e incluso antes de que ella anunciara que era la verdadera heredera de la familia a la que él deseaba entrar.José ya había perdido la razón.—¡Nancy, tú misma dijiste que serías mía para siempre!...Teodoro Hernández, el amigo más misterioso de José, era a quien él siempre le había advertido que no se acercara.Tras la ruptura, Nancy no dudó en buscarlo.¿Quién iba a imaginar que, al final, él la arrinconaría contra la pared y le daría la vuelta al juego?—¿Quieres vengarte de él? Entonces hazlo de verdad. 
En el séptimo año en que el padre de Brenda González estuvo en estado crítico, por fin llegó un corazón compatible.La noche antes de la operación, su esposo, Andrés Ríos, con quien llevaba siete años casada, le pidió que cediera el órgano a su amante.Él estaba allí, con ímpetu, pero en su cara había una distancia y frialdad que Brenda nunca había visto antes.—Brendita.Él habló, sin que se notara ninguna emoción en su tono.—La situación de Camila se ha deteriorado de forma drástica.El corazón de Brenda, al oír ese frío "Brendita", se estrujó de golpe.Retrocedió medio paso por instinto, con un presentimiento desagradable.—Ella necesita con urgencia un trasplante de corazón.La mirada de Andrés la escrutó, con una decisión incuestionable. —De inmediato.Cada palabra era terrorífica, apuñalando con precisión el corazón de Brenda, justo cuando comenzaba a encenderse una leve esperanza.La voz de Brenda tembló de forma incontrolable.—Andrés... ¿de qué hablas?... ¡Mi papá acaba de...! 
Recibí un video pornográfico."¿Te gusta este?"El hombre que habla en el vídeo es mi marido, Mark, a quien no veo desde hace varios meses. Está desnudo, con la camisa y los pantalones esparcidos por el suelo, empujando con fuerza a una mujer cuyo rostro no puedo ver, sus pechos regordetes y redondos rebotan vigorosamente. Puedo escuchar claramente los sonidos de las bofetadas en el video, mezclados con gemidos y gruñidos lujuriosos."Sí, sí, fóllame fuerte, cariño", grita extasiada la mujer en respuesta."¡Niña traviesa!" Mark se levanta y le da la vuelta, dándole una palmada en las nalgas mientras habla. "¡Levanta el culo!"La mujer se ríe, se da vuelta, balancea las nalgas y se arrodilla en la cama.Siento como si alguien me hubiera echado un balde de agua helada en la cabeza. Ya es bastante malo que mi marido esté teniendo una aventura, pero lo peor es que la otra mujer es mi propia hermana, Bella.************************************************** ************************************************** **********************"Quiero divorciarme, Mark", me repetí por si no me escuchó la primera vez, aunque sabía que me había escuchado claramente.Me miró fijamente con el ceño fruncido antes de responder fríamente: "¡No depende de ti! Estoy muy ocupado, ¡no pierdas el tiempo con temas tan aburridos ni trates de atraer mi atención!"Lo último que iba a hacer era discutir o discutir con él."Haré que el abogado le envíe el acuerdo de divorcio", fue todo lo que dije, con la mayor calma que pude.Ni siquiera dijo una palabra más después de eso y simplemente atravesó la puerta frente a la que había estado parado, cerrándola con fuerza detrás de él. Mis ojos se detuvieron un poco distraídamente en el pomo de la puerta antes de quitarme el anillo de bodas de mi dedo y colocarlo sobre la mesa.Agarré mi maleta, en la que ya había empacado mis cosas y salí de la casa. 

El día que Inés Fernández se divorció, toda la alta sociedad estaba expectante, esperando ver cómo se convertiría en el centro de las burlas. Como es ampliamente conocido, José, el heredero de los ricos magnates del Grupo García de Carora, no amaba a Inés; su matrimonio había sido simplemente una orden de Adrián García. Inesperadamente, el acuerdo de divorcio de la pareja se difundió rápidamente entre los círculos de la alta sociedad.José, el propio protagonista, se convirtió por un tiempo en el hazmerreír de la élite... Cuando se encontraron de nuevo, todos pensaron que se enfrentarían con gran conflicto. Se esperaba que terminaran en una pelea sin solución. Sin embargo, para sorpresa de todos, José, quien siempre había sido orgulloso y arrogante, inició una conversación con su exesposa de manera sorprendentemente amable y con un tono humilde. —Inés, ¿qué te parece si nos volvemos a casar? —Si aceptas, te daré todo el control del Grupo García. 