Todo

Noelia Jiménez había estado con Antonio Cordero durante diez miserables años, creyendo haber satisfecho todas las necesidades y caprichos de él. Pero cuando su madre sufrió un grave accidente de tráfico y cayó en un estado crítico de salud, él la dejo botada en el hospital, para ir a la estación de policía a socorrer y pagar la fianza de la miserable que había causado que su madre estuviese en el hospital. Tiempo después su madre falleció, y a él esto no le importo, en cambio, él se fue de viaje al extranjero con la mujer que le gustaba. Noelia lo confrontó una y otra vez mientras sostenía la urna con las cenizas de su madre, y él respondió: —Si no puedes soportarlo, lárgate entonces de mi vida. Entonces, Noelia se resignó. Antonio la siguió e intentó reclamarle por su relación con dos certificados de matrimonio en las manos, pronuncio, —Noelita, estamos casados y esto no lo puedes evitar tan fácil. Al ver los documentos que aparecieron de repente, Noelia, con el brazo del hombre que la acompañaba, casi se dobló de la risa. —Tío. Sin mirarlo ni por un solo instante, ella lanzó el certificado del matrimonio en la cara de Antonio y lo avergonzó con una risa, —No tienes vergüenza alguna, canalla. En esos tiempos, un amor que llegó de la nada y tan tarde no tenía valor alguno. … Todo el mundo sabía muy bien que Noelia era muy reservada y discreta, mientras que Antonio era un indomable rebelde sin causa. Dos personas completamente diferentes que, debido a una farsa, habían tenido que compartir una década de ida juntos. Ella pensó que su compromiso desde jóvenes, debido al tiempo que llevaban juntos, se convertiría naturalmente en amor y profunda pasión propia de una pareja que se quiere mucho. Pero solo cuando vio a Antonio sonrojarse por otra persona, se dio cuenta demasiado tarde de que Antonio no era como un mar silencioso, simplemente no era capaz de agitar olas o cualquier tipo de problema que se le presentara en el camino por ella. Su encuentro fue un grave error desde el principio. Así que, como las mareas que retroceden constantemente, no había necesidad alguna de recordarme. 
El hijo, de cuatro años, de María García murió trágicamente bajo las llantas de un carro.En el entierro, María se arrodilló frente a la tumba, desgarrada por el dolor, cuando la asesina, Ana Fernández, apareció para arrojar excrementos sobre la lápida y decir palabras maliciosas.—Temo que tu hijo no pueda descansar en paz, así que deseo que pronto renazca.María temblaba de furia, y al día siguiente denunció a Ana ante el tribunal.En la audiencia, la gente murmuraba que Ana tenía un poderoso respaldo y que no era alguien a quien convenía enfrentar.María no presto atención. Como abogada, en sus cinco años de carrera nunca había perdido un caso, y estaba convencida de que ese día tampoco sería la excepción.Sin embargo, a pesar de contar con pruebas concluyentes, Ana fue absuelta y en cambio María fue acusada del crimen de haber asesinado a su propio hijo.Quien dictó la sentencia condenatoria fue su esposo, Alejandro González, un juez con el que había compartido cinco años de vida matrimonial.Ella era una abogada conocida como el "mito invicto" y él, era un ilustre juez recto y severo; desde que se casaron, ambos habían sido considerados en el gremio como una pareja de ensueño.Pero al mirar los ojos de Alejandro, tan imparciales como siempre, María por fin comprendió: él era el poderoso respaldo de Ana. 
Hace tres años, atacó a alguien por ira debido a su novia y fue encarcelado por agresión intencionada. Tres años después, al regresar, encontró que su familia había sufrido un gran cambio. Su hermano mayor y su cuñada habían fallecido en un accidente de coche, su padre había quedado cojo de una pierna y su sobrino, de tan solo siete años, había contraído leucemia. El centro de salud familiar, legado de generaciones, ya no existía. Para mantener a la familia, su padre había pedido un préstamo a usureros y su casa estaba en la ruina. Justo en ese momento, se enfrentó a la traición de su novia y al engaño de su exnovia. Entonces no queda más remedio que revelar la verdad. Él no es un recluso de reforma laboral, es el médico de la prisión, es el Rey de la Prisión. Su nombre es Alberto Rodríguez. 

En plena noche, Andrea Herrera llegó al hogar de los Jiménez con el rostro pálido. —Señora Gómez, usted me dijo antes que Manu ha estado enamorado de mí desde que éramos niños, ¿es verdad? —Elena Gómez, la madre de Manuel, no entendía por qué Andrea había decidido ir a su casa tan tarde, pero su rostro se iluminó de inmediato. Tomándole las manos con entusiasmo, respondió, —¡Por supuesto que es verdad! Si no me crees, puedo llevarte a su habitación y lo entenderás todo. Este muchacho ya tiene 27 o 28 años, tiene muchas muchachas detrás de él, pero nunca ha querido tener novia. Yo ya pensaba que quizá no le interesaban las mujeres… pero aquel día que entré a su cuarto lo entendí todo. Él siempre ha querido casarse contigo. —Elena continuó emocionada, —Además, tiene todo el sentido del mundo. Él es muy amigo de tu hermano y te ha visto crecer. Eres tan encantadora que debí haberlo adivinado desde el principio… —mientras hablaba, Elena tiraba suavemente de Andrea hacia la habitación de Manuel. Sin embargo, Andrea detuvo sus pasos a tiempo. —Señora Gómez, si Manu de verdad me quiere… entonces yo estoy dispuesta a casarme con él. —¿¡De verdad!? ¡Qué alegría! ¡Qué alegría! Ahora mismo le llamo, no, espera, primero hablemos de la fecha de la boda. —Elena, radiante de felicidad, no podía contener su entusiasmo. Tomó rápidamente un calendario y comenzó a buscar fechas como si temiera perder a su futura nuera. Andrea dibujó una leve sonrisa en su rostro, —Señora Gómez, que sea este día: el ocho de diciembre.Al escucharla, Elena revisó los detalles en el calendario y su sonrisa se amplió aún más. —¡Ay, qué buen día! Es perfecto y está tan cerca, solo falta un mes. ¡Andre, tienes un ojo excelente para escoger fechas! 
Cuando Lucía Sánchez se casó con Sergio Franco, ella tenía 22 años, y él, 32.No solo era mayor, también era más grande en muchos otros sentidos.Durante tres años de matrimonio, él la colmó de una ternura inagotable: todo lo que ella quería, él se lo daba. Si ella pedía estrellas, él se las bajaba; si quería la luna, él se la entregaba. La trataba como a un tesoro invaluable. Salvo por una cosa… Cada noche, pasada la medianoche, su deseo parecía no tener límites. Por más que ella llorara y le suplicara que parara, él apenas reía bajo y no la dejaba escapar.Lucía sabía que ese hombre tenía muchísimo dinero y también muchísimo amor… y todo era para ella.Hasta que llegó el día en que su padre falleció. Esa tarde, Lucía le marcó noventa y nueve veces. Él no contestó ni una sola. 



[Una asistente centrada únicamente en su carrera y un presidente que siempre consiente a su esposa]
[Ambos puros, matrimonio relámpago, dulzura, amor después del matrimonio, su primer amor resultó ser ella misma]
Después de una noche de pasión bajo los efectos del alcohol, Julieta López, asistente ejecutiva, despertó y descubrió que la persona que yacía a su lado ¡era su jefe, Orlando Rojas, el hombre serio y reservado de siempre!
Julieta optó por huir de la situación, esperando que Orlando también la olvidara.
Pero él se lo tomó con seriedad. —Esa noche... fue mi primera vez.
Julieta sintió un torbellino en su interior. —¿Quiere que me haga responsable?
Orlando esbozó una sonrisa ladeada. —Puedes hacerte responsable... Ayudándome a evitar un matrimonio de conveniencia sin sentido.
Por el tratamiento médico de su madre, Julieta tuvo que aceptar temporalmente el papel y ser la esposa de Orlando. Ambos acordaron tres reglas, con una duración de un año y una separación garantizada al finalizar.
Sin embargo...
Un año, dos, tres...
—Señor Orlando, creo que deberíamos...
Antes de que pudiera terminar la frase, sus labios fueron sellados por un beso.
—Sí. —El hombre sonrió con picardía—. Deberíamos ponerle fecha límite... ¡Para siempre! 

Después de cinco años de un matrimonio sin amor con Lucien Albrecht, un magnate de los negocios en Seattle, Ariadne se desesperó.
Su marido le propuso el divorcio la noche del quinto aniversario de su matrimonio, sin saber lo mucho que Ariadne había sacrificado para casarse con él.
Con el corazón roto, su esposa cortó todos los lazos con él para siempre, volviendo a su identidad anterior, la heredera de Grey Enterprise.
Sin embargo, nunca había pensado que, cuando decidió volver a ser Alexandra Grey, Lucien se convirtió en quien quería recuperar a Ariadne Albrecht.
Dividida entre la lucha constante por el poder en la empresa y la vigilancia de su exmarido, ¿podría la joven directora ejecutiva lograr su objetivo?
"¿Competir para el puesto de Sra. Albrecht?".
Alexandra no pudo reprimir la risita que se le escapó.
"¡Prefiero construir mi propio imperio que ser la esposa trofeo de algún hombre!". 
A los ojos de todos, Alyssa Mudjahid era una pobre mujer de familia adinerada. Su marido y sus parientes se confabularon para abandonar a su pequeña hija en un basurero. Sin embargo, su vida terminó en el sadismo. Ella no quería que así fuera.Cuando abrió los ojos, ya había renacido. Esta vez, pidió ayuda al padre biológico de su niña, Haiden Multazam, alguien que era intocable en J City.Al principio, Alyssa pensó que Haiden también había renacido. Pero, al parecer, tenía la capacidad de leer las mentes.“Reconozco al niño y, como madre del niño, te brindaré toda la ayuda que necesites. Pero no te hagas demasiadas ilusiones. Soy una persona sin corazón”.“No te preocupes. A partir de ahora, sólo quedan dos cosas en mi vida: mi hijo y la venganza”. 

Después del incendio, aguanté el calor y la puerta de hierro para ayudar a escapar al hombre que me gustaba.Él salió ileso, yo sufrí quemaduras extensas en todo el cuerpo. Lamentablemente nuestra amiga Aída Vargas murió en el fuego.Él se arrodilló a mi lado en la cama del hospital y me pidió matrimonio. Pensé que, finalmente, mi devoción durante ocho años había dado frutos.Sin embargo, justo después de mi aborto, sumida en el dolor y la culpa, él no dudó en dejarme morir quemada.Antes de cerrar la puerta, dijo:—Norma Reyes, experimenta también la desesperación de ser consumida por el fuego.Las llamas devoraron mi cuerpo, y fue entonces cuando supe que a quien más amaba era a Aída. Yo solo era una carga.Al abrir los ojos, regresé al lugar del incendio, y ya no usé mi cuerpo para sujetar la puerta. Decidí salir corriendo. 
Tres años de noviazgo, cuatro de matrimonio, siete años de relación. Héctor Sánchez confió en una tercera persona y la llevó personalmente ante el tribunal. Con la frase: "¿Te declaras culpable o no?", Leticia García sintió que su corazón se apagaba. En la corte, luchó con todas sus fuerzas para demostrar su inocencia, dejando en claro al hombre que había sido engañado cuál era la verdadera cara de la tercera persona. Cuando fue absuelta, le dijo: —Héctor, divorciémonos. —¡Leticia, no te arrepientas! —Él, quien la había amado con tanta certeza, pensaba que solo estaba actuando por impulso. Un día, se encontraron. —¿Vienes a pedirme que volvamos? —Creerse dueño de algo también es una enfermedad. Haz una cita con el psiquiatra y que te revise bien. Cada vez que se enojaba, después de un tiempo regresaba, pero esta vez él esperó mucho. Hasta que ella se convirtió en una gran abogada y estuvo frente a él en la corte. Entonces, se dio cuenta de que ella había cambiado. Ya no le pertenecía, y fue en ese momento cuando entró en pánico. —Leti, todavía te amo. Por favor, vuelve a mi lado. Leticia, fuerte y decidida, le respondió: —Voy a ser mejor, que es por tu causa, no para ti. —Señor Héctor, por favor, déjeme pasar. No me estorbe, que voy a ver a su tía. 

Cuando Diego Pérez se enteró de que yo, por iniciativa propia, había cedido un proyecto multimillonario a su asistente favorita, Cristina Ruiz, creyó que los tres meses de indiferencia hacia mí finalmente habían surtido efecto.De pronto, propuso que fuéramos juntos a Islandia para nuestra luna de miel.Al saberlo, Cristina se llenó de celos y amenazó con renunciar a la empresa.Diego pasó tres días y tres noches consolándola y, al final, aprovechando una supuesta reunión de trabajo, volvió a posponer nuestra luna de miel y le dio a Cristina el otro billete.Después, Diego me lo explicó con total indiferencia:—Las cuestiones sentimentales son secundarias, lo importante es el trabajo. Como jefe, tengo que priorizar mi responsabilidad laboral.—Tú eres mi esposa, deberías apoyarme, ¿verdad?Miré la foto de perfil que Cristina acababa de subir a WhatsApp, una imagen de ambos, muy juntos, haciendo un gesto de corazón. No respondí nada, solo asentí con la cabeza.Diego, creyendo que me había vuelto comprensiva y madura, estaba encantado. Incluso prometió que, cuando regresáramos al país, me compensaría con una luna de miel aún más romántica.Pero él no sabía nada.Yo ya había presentado mi renuncia y él hacía tiempo que había firmado el acuerdo de divorcio.No nos quedaba ningún futuro juntos. 





Quinto año de matrimonio, Nicolás Reyes se enamoró locamente de una estudiante universitaria.Sara García provenía de una familia humilde, pero su carácter era austero y lleno de dignidad. Rechazó la tarjeta bancaria que le ofreció Nicolás, diciendo: —No seré amante de nadie.Esa única frase fue la que cautivó a Nicolás.Persiguió como loco a Sara por toda la ciudad, olvidando que en su casa tenía a una esposa que había logrado casarse con él tras noventa y nueve cartas de amor.Esther Guerrero no lloraba ni hacía escándalos, simplemente, cada vez que él le causaba daño por Sara, ella quemaba una de las cartas.Cuando las noventa y nueve cartas se consumieran por completo, ella lo dejaría definitivamente.El primer día que quemó una carta fue cuando él, en su aniversario de bodas, la abandonó sin importarle para ir a la tienda de té de burbujas donde Sara trabajaba, y pasó todo el día allí, solo para esperarla a que terminara su turno.El día que quemó la trigésima sexta carta fue cuando él, con fiebre de cuarenta grados, dejó a Esther bajo la lluvia en una carretera, solo para ir corriendo a estar con Sara, que le temía al trueno.El día que quemó la septuagésima segunda carta fue cuando, para hacer feliz a Sara, quitó su foto de bodas de la sala y la reemplazó por un dibujo que Sara había hecho al azar. 

Silvia Cordero amó a Armando Reyes durante diez años, hasta que un día lo vio, junto a su propio hijo, acompañando a otra mujer. En ese instante, su corazón se hizo pedazos.Al contemplar desde el piso de arriba aquella escena tan idílica, Silvia decidió darle un giro radical a su vida.Con un marido que tenía amante y un hijo que quería una madrastra, ya no le quedaban ganas de ocuparse de ellos. Hombres hay de sobra; que se han felices entre ellos.Despierta al fin, Silvia volvió a perseguir sus sueños y se convirtió en una nueva estrella que brillaba con fuerza en el mundo de la pintura.De paso, heredó una fortuna de miles de millones, y todos la alababan como la gran triunfadora de la vida.Tras recibir la admiración de demasiada gente, su exmarido volvió furioso y la acorraló entre sus brazos.Silvia esbozó una fría sonrisa y se apartó. Si alguna vez se habían amado con locura, ahora lo que sentía era un odio igual de intenso.Con la cara impasible, dijo: —Señor Armando, abre bien los ojos, no vaya a ser que abraces a la persona equivocada.Más tarde, aquel hombre, ya despreciable a sus ojos, sufrió un dolor que le partía el alma y se arrepintió de no haber actuado antes. Noche tras noche, con su hijo a su lado, se arrodillaba ante su puerta pidiéndole perdón.Silvia, harta de todo, le gritó: —¡Lárgate! 
Amaya Delgado había crecido como una princesa, criada con esmero y adoración. De ojos brillantes y sonrisa luminosa, cada gesto suyo irradiaba orgullo y encanto.
Nacida en una familia poderosa y amada sin reservas, nunca le había faltado nada, salvo el amor de una sola persona.
Aquel hombre, siete años mayor que ella, pertenecía a una familia estrechamente ligada a la suya desde hacía generaciones. En teoría, Amaya debía tratarlo como a un mayor.
Para ella, él era como una montaña nevada: distante, elegante, inalcanzable. A una edad temprana ya dominaba un vasto imperio empresarial. Muchas damas lo admiraban, pero ninguna lograba acercarse de verdad.
Amaya lo persiguió de todas las formas que pudo imaginar. 
"Tengo una mujer a la que amo, pero a mi abuelo no le gusta. Cásate conmigo y podré protegerla".¿Quién habría pensado que esta sería la experiencia de propuesta de Leah? Y aún más inesperado fue su aceptación de un contrato tan desigual, únicamente porque amaba a este hombre, Eugene.Ella siempre había sido buena con él, aprendiendo a ser como todas las esposas, leal, cariñosa, sumisa. Soportó la hostilidad de todos los miembros de su familia hacia él, solo para recibir sus palabras indiferentes."Ella ha vuelto, vamos a divorciarnos".Esta vez, nada había cambiado. No tenía ningún derecho a negarse; sólo podía aceptar.Pero lo que nadie sabía era que ella era, de hecho, la hija del presidente del Grupo JK.Al regresar a casa después del divorcio, inmediatamente se hizo cargo del Grupo JK, volviéndose inalcanzable... 
La familia de María Fernández y la mía han sido aliadas durante generaciones, y desde que éramos niños, se acordó nuestro compromiso matrimonial.Sin embargo, a pesar de ser mi prometida, ella se enamoró del hombre que era más conocido como el patán del campus universitario.Para protegerla de ser engañada, usé mis contactos para conseguir que la transfirieran de universidad.Pero, justo antes de graduarnos, un camión vino directo hacia mí.Ella me miraba desde arriba, con desprecio en sus ojos.—¿Por qué decidieron cuando éramos niños con quién me iba a casar? ¡Si no fuera por ti, ya habría encontrado a mi verdadero amor!Cuando volví a abrir los ojos, había renacido en mis días de universidad.Ese hombre, con su aire de arrogancia, me confrontó.—¿Eres el prometido de María?Negué con la cabeza, —No, no lo soy. 





—¡Hola, quiero emigrar a otro país!Margarita Hernández se paró frente a la ventanilla y entregó al funcionario del otro lado del vidrio todos los documentos que había preparado.El funcionario revisó los papeles y estampó el sello correspondiente en cada uno. Luego, sacó otra hoja y se la pasó a ella.—Señora, en quince días su trámite estará listo. Le pedimos que tenga paciencia.Margarita asintió con la mirada, se dio la vuelta y caminó hacia la salida. Sin embargo, justo cuando estaba por irse, escuchó el murmullo de los empleados detrás de ella.—¿Estoy viendo mal o es la señora Rodríguez la que está pidiendo emigrar? ¿Acaso discutió con el gerente Raúl?—Pero, aunque hayan discutido, ¿no es demasiado irse del país por eso? Si el gerente Raúl es famoso por ser un esposo amoroso, ¿qué pudo haber pasado para que la señora Rodríguez tomara una decisión tan difícil?—Ni que lo digas... Hace cinco años, la boda de ensueño que le organizó a la señora Rodríguez fue un evento que dio la vuelta al mundo. Hasta yo, que casi ni uso internet, me enteré. Hace tres años, cuando ella tuvo aquel accidente en el carro y el banco de sangre no tenía suficientes reservas, el gerente Raúl ignoró todas las advertencias y donó hasta la última gota de sangre que pudo para salvarla. Hace un año, la señora Rodríguez desapareció por tan solo una hora y él movilizó a todos los medios de comunicación para encontrarla. Y ahora ella se va a escondidas... Él se va a volver loco.Margarita escuchó las conversaciones a su espalda y una leve sonrisa apareció, aunque en sus ojos solo quedaba una profunda sorpresa.Sí, todo el mundo sabía cuánto la amaba Raúl Rodríguez. 
En el salón de banquetes lleno de celebridades. Todos felicitan a Javier Gómez, quien a poco de empezar su carrera, ya ha sido elegido por un renombrado director como el protagonista. José Gómez, quien debería haber sido el protagonista, se encuentra desolado en un rincón del balcón, finalmente toma una decisión. [El Administrador, quiero regresar a mi mundo original.] El Administrador se muestra bastante sorprendido. [¿Ah? El nivel de afecto de Isabel Almonte hacia ti ya está en noventa y nueve puntos, solo falta uno para completar la misión y realizar ese deseo que tanto anhelas. ¿No vas a esforzarte un poco más?] José niega con la cabeza, amargamente: [No es necesario, solo quiero regresar.] Isabel, para convencer al director de cambiar el protagonista por Javier, no dudó en invertir diez veces más. Ahora, no se separa de Javier y lo mira con ojos llenos de amor.Así que hay cosas que, por más que uno se esfuerce, no se logran. Ese punto que falta, por más que se intente, nunca se alcanzará. El Administrador suspira: [Es una lástima, estabas a un punto de cambiar tu destino. La solicitud ya ha sido enviada, en un mes podrás desvincularte de este mundo, pero considera la decisión de nuevo, puedes cambiar de opinión en cualquier momento.] 

Cuando tenía veinte años, Julieta Barrera se casó con Eugenio Díaz, el amigo de toda la vida de su padre.Él era ocho años mayor que ella, famoso en los círculos sociales por ser implacable en los negocios, y jamás se le conoció relación alguna con mujeres. Sin embargo, con ella era de veras bastante tierno.Si alguna vez ella decía al pasar: "Ese collar es bonito", al día siguiente alguien llegaba a sus manos una joya avaluada en millones de dólares.Cuando ella se retorcía de agudo dolor en la cama durante su periodo, él dejaba de lado proyectos millonarios para prepararle personalmente agua con azúcar morena, animándola de todas las formas a tomarla, cucharada a cucharada.En los momentos de pasión, él le sujetaba la cintura, con voz ronca la llamaba con amor "querida", le decía que era buena y que lo tenía adicto por completo a ella.Incluso, todos sus perfiles en redes sociales llevaban el mismo nombre: "Para Elisa".Ella siempre creyó que era en conmemoración del día en que se conocieron, cuando ella tocó esa magistral pieza de piano frente a él.Hasta el día en que, en la oficina de él, encontró un viejo y empolvado álbum de fotos. 



Mi hermana, caprichosa, se escapó de su boda y me enviaron en su lugar para atender al noble Samuel Navarro en ciudad Coral.Sin embargo, en cuanto ella regresó, fui abandonada de inmediato.Durante esos tres años, fui yo quien estuvo a su lado, lo cuidó y también quien soportó sus humillaciones y burlas.Me costó mucho esfuerzo lograr que se interesara en mí, y ahora que por fin lo había conseguido, mi hermana quería llegar y disfrutar como si nada de los frutos de mi trabajo. ¿Acaso yo iba a permitirlo?Todos pensaban que yo estaba locamente enamorada de él, aún el propio Samuel lo creía.Pero justo el día en que él me propuso matrimonio con toda la pompa, tomé el anillo, se lo tiré en la cara y le sonreí con determinación: —Solo era un juego, ¿cómo pudiste tomártelo en serio? 
A los dieciocho años, para poder costear el tratamiento de su madre, Patricia González se vendió a un hombre diez años mayor que ella.Solo después supo que él era el presidente del Grupo Martínez, temido en los negocios por su dureza, pero con ella siempre era tierno.La colmaba de atenciones hasta el punto de hacerle creer que realmente era amada.Una vez, Patricia mencionó que le gustaba un pastel de una pastelería del sur, y al día siguiente él compró la tienda solo para ella.Una noche, Patricia tuvo fiebre y él dejó una reunión para volar de inmediato y cuidarla, pasándole toallas frías en la frente toda la noche.En su vigésimo cumpleaños, él la llevó a ver la aurora boreal y, bajo las luces, le besó los dedos y prometió: —De ahora en adelante, cada año estaré contigo para celebrarlo.Patricia le creyó. 

Cuando Elena Guerrero le entregó el acuerdo de divorcio, Tomás Jiménez estaba ocupado disque muy ocupado llamando a alguien, ocupado consolando a su amante número cincuenta y dos.—Tomás, vamos a divorciarnos.—Firma de una vez, espera un mes, y cuando termine el período de reflexión del divorcio, nos separamos, sin tener más relación entre nosotros.Al escuchar esto, él aceptó, tomó el documento sin ni siquiera mirarlo, y lo pasó directamente a la última página, firmando su nombre con indiferencia.Después de firmar, se levantó orgulloso mientras tomaba su abrigo, aun susurrando palabras dulces a la joven al otro lado del auricular.—Está bien, ya mismo voy para pasar un rato rico, ¿sí?Cuando colgó, Tomás ya estaba en la puerta, pero de pronto recordó algo, se volteó y miró a Elena: —Ah, por cierto, Eli, el documento que me hiciste firmar hace un momento, ¿qué era?Ya lo había firmado, y recién entonces se le ocurrió preguntar. 


Después de siete años de matrimonio, Sandra Pérez era la diosa de Ricardo Medina, quien le había donado sangre novecientas noventa y nueve veces.Todo porque la diosa de Ricardo padecía un trastorno de coagulación sanguínea, lo que provocaba que cada vez que se lastimara, perdiera demasiada sangre y se pusiera en grave peligro.Curiosamente, ella era una de las pocas personas con un tipo de sangre rara, y en todo Venturis, la única cuyo tipo sanguíneo coincidía a la perfección era Sandra.La primera vez que donó sangre para su diosa, Sandra le pidió que se casara con ella, y él aceptó sin dudarlo dos veces.La segunda vez que donó sangre, le pidió que le dijera "te amo", y él aceptó.La tercera vez que donó sangre, le pidió tener relaciones sexuales, y él aceptó....La vez número novecientas noventa y nueve que donó sangre para su diosa, ella estaba pálida, mareada, y escuchaba a lo lejos la voz apremiante de la enfermera.—Señor Ricardo, ya ha perdido mil mililitros; ella no puede continuar, si sigue así, podría morir. 

Diana Ortiz no supo que su marido tenía un hijo de seis años hasta el séptimo año de matrimonio.Ella se escondió detrás del tobogán del jardín de niños y observó a Esteban Salazar agacharse para levantar en brazos un niño pequeño, mientras jugaba con él.—Papá, hace mucho que no venías a verme.Su marido le acarició la cabeza al niño. —Tranquilo Luisito, he estado ocupado en el trabajo. Debes portarte bien y hacerle caso a tu mamá.En ese instante, Diana se quedó paralizada y su mente estaba completamente en blanco.¿Papá? ¿Mamá?Dos figuras, una grande y una pequeña, con rasgos faciales similares casi en un setenta por ciento.Todo en esa escena le decía que aquel hombre, que le había jurado amor eterno, ya la había traicionado hacía mucho tiempo.Crecieron juntos y se amaron durante años.Diana, para salvarlo, había recibido una puñalada en el abdomen y, como consecuencia, perdió a su hijo y quedó infértil para siempre.En aquel entonces, Esteban se arrodilló a su lado, con los ojos enrojecidos, diciendo: —Ya no quiero hijos, sólo te quiero a ti. Eso es suficiente para mí.Su voz temblorosa aún resonaba en los oídos de Diana, pero la escena ante sus ojos destrozaba aquella promesa en mil pedazos. 
Benjamín Navarro había estado paralizado durante tres años y finalmente se había recuperado. Sus amigos organizaron una fiesta especial en un club privado para celebrarlo.Ángela Sánchez estaba de pie en la entrada del club, sosteniendo un regalo cuidadosamente preparado. Justo cuando iba a empujar la puerta, escuchó dentro las voces de Benjamín y sus amigos.—Benjamín, Ángela realmente ha sido muy buena contigo. Estos tres años, si no fuera por ella, ¿cómo habrías podido recuperarte tan bien?—Sí, ella te ayudaba a relajar tus músculos todos los días, te acompañaba en la rehabilitación, ni siquiera se atrevía a dormir profundamente por miedo a que tuvieras una crisis emocional en medio de la noche... Esa gratitud, deberías retribuírsela.—Es una muy buena persona —la voz de Benjamín sonaba baja y apacible.Las manos de Ángela temblaron levemente y una calidez surgió en su corazón.Al segundo, escuchó a alguien preguntar: —Entonces, ¿cuándo piensas casarte con ella? 
Antonia Calderón y Baltasar Figueroa habían estado juntos durante diez años, cuando él finalmente le dijo: —Cásate conmigo.Sin embargo, el día de su boda él la dejó plantada, dándose la vuelta para ir a salvar a su secretaria, Jimena Ibarra, quien llevaba años enamorada de él en secreto.Por seguridad de él, ella no tuvo tiempo de sentirse triste y salió corriendo tras él.Cuando llegó al lugar justo vio cómo la secretaria, para proteger los documentos de Baltasar, fue arrojada por su oponente desde lo alto y quedó en estado vegetativo.Baltasar, lleno de culpa, la llevó al hospital con las mejores condiciones médicas para que la atendieran.Antonia también obedeció las palabras de Baltasar, ella cuidó de Marina, la madre de Jimena, quien padecía una enfermedad mental. Es decir que, durante dos años, Antonia soportó cada uno de sus ataques y humillaciones maliciosas.Todo hasta que Marina sufrió otro episodio y cortó en pedazos todo lo que había en el bolso de Antonia, incluida la partida de matrimonio.Arrastrando su cuerpo exhausto, Antonia fue a solicitar un duplicado de la partida de matrimonio, solo para que el funcionario le dijera que el documento era falso.—Señorita Antonia, este certificado de matrimonio es falso. Según el registro actual, su estado civil es soltera. 
En el cuarto año de su matrimonio con Regina Escobar, Santos Torres por fin había encontrado una solución quirúrgica capaz de curar por completo la esclerosis lateral amiotrófica de ella.Justo cuando Santos estaba a punto de firmar el consentimiento para la operación, la enfermera alternó la mirada una y otra vez entre la pantalla y la cara de Santos, cuando de repente habló con extrañeza.—Doctor Santos, el sistema indica que usted y la señorita Regina no tienen relación matrimonial. Según el reglamento, solo los familiares directos están autorizados para firmar el consentimiento.Santos estaba seguro de que era un error del sistema y decidió buscar a Regina para que ella firmara; al fin y al cabo, su enfermedad no podía esperar.Pero cuando Santos llegó a la empresa de Regina y abrió la puerta, escuchó las carcajadas de ella y sus amigas.—¡Regina sí que es lista! Hace cuatro años, en silla de ruedas, hizo una boda falsa con Santos. Ahora que puede volver a caminar, enseguida se casó legalmente con el joven sobrino de Santos, Braulio Torres. ¡Tiene todo y la vida le sonríe!—Jajaja, de día en la cama consintiendo a Braulio, de noche regresa a la mansión para amar a Santos. Regina, ¿de verdad puedes con los jóvenes y los mayores al mismo tiempo?Santos, al enterarse de todo, dio media vuelta y se alejó.Ojalá que la compañía de Braulio pueda luchar contra la esclerosis lateral amiotrófica de Regina hasta el final. 
—Solo 10 millones de dólares y tu hijo volverá contigo. ¿De verdad prefieres perder su vida por esa cantidad?La voz del secuestrador amenazaba desde el teléfono. Lorena Beltrán, imperturbable, respondió: —Sí, adelante, hazlo.Colgó y detuvo la mano de su padre, Gabriel Beltrán, impidiendo que firmara la cesión de acciones.Gabriel, atónito, exclamó: —¡Tú amas tanto a Ricardo, y a su hijo lo tratabas como a un tesoro! ¿Cómo puedes ser capaz de algo así?Lorena no dio explicación alguna y se dio la vuelta. En su mente irrumpieron los recuerdos de su vida pasada.Había amado a Ricardo Cisneros. En su vida anterior, al enterarse de su secuestro, reunió el dinero del rescate.Arruinó a su padre, llevó a la quiebra a la familia y su madre murió en un accidente causado por la desesperación.Al final descubrió que todo había sido una farsa planeada por Ricardo y su hijo.Tomaron el dinero solo para cortejar a otra mujer. 

En el quinto Año Nuevo desde que se casó con Víctor Rodríguez, él desapareció de repente.Sofía Gutiérrez fue a la comisaría a denunciarlo, y el policía que la atendió, después de revisar el informe, mostró una expresión extraña.—Señora, ¿dijo que su esposo se llama Víctor? ¿Y usted cómo se llama?—Me llamo Sofía, ¿hay noticias de mi esposo? —Sus ojos no podían ver y sus dedos se retorcían nerviosamente en el borde de su ropa.El policía arrugó la frente, y golpeó la mesa con fuerza. —¡Señora, coopere con nosotros y diga su verdadero nombre!Sofía se quedó paralizada. —¡Yo soy Sofía!La persona detrás de ella rio con desdén. —Pequeña ciega, no creas que solo porque te pareces a ella puedes suplantarla.—Toda la Bahía del Silencio sabe que el jefe Víctor, para celebrar que la señorita Sofía estaba embarazada, le regaló un yate valorado en mil quinientos millones de dólares. Cada publicación de la señorita Sofía en sus redes sociales ha estado en las noticias durante días.Al mismo tiempo, en la pantalla LED frente a ella se transmitía una entrevista a Víctor.—Ayer fue la víspera de Año Nuevo, señor Víctor, ¿qué deseo pidió para el Año Nuevo?—Por supuesto, que el parto de mi esposa sea seguro y que esté sana y feliz.—Gracias, querido.La voz dulce y familiar de Nancy Barrera resonó, y el cuero cabelludo de Sofía se erizó instantáneamente, mientras su cara perdía todo color. 
Pensé que mi matrimonio podría seguir adelante.El amor platónico también era amor, ¿sí?Pero, estaba totalmente equivocada.Resultó que mi marido no tenía nada malo de cuerpo, todo esto solo porque no fui de su gusto.Conmigo, era un hombre anormal en la cama. Pero con mi madre, ¡podría hacer todo lo que ella deseaba!Y el día, ¡los encontré en la cama juntos!Sin querer afrontar a ellos, decidí saltar del puente.Pero un desconocido me impidió, y me ofreció una propuesta especial.Y yo la acepté, y le entregó mi primera vez por capricho.Después de una noche loca, hui de su casa pensando que nunca volvería a encontrarnos.Luego fui a la fiesta de compromiso de mi tía, y ella hizo alarde de su fiancé frente a mí.Pero este era el mismo desconocido que pasó la noche conmigo.¡¿Y él pronto sería mi tío político?! 

Para salvar a su hermano adoptivo, Ximena Aguilar se casó con Diego Ruiz, manteniendo un matrimonio secreto durante tres años, sin amor.
El día que le diagnosticaron cáncer terminal, su esposo estaba celebrando con fuegos artificiales junto a su amante; Mientras tanto, su hermano adoptivo, al salir de prisión, abrazaba a una hermosa mujer anunciando que ella era el amor de su vida.
Ante la declaración pública de amor de estos hombres siempre fríos e implacables, Ximena no esperó más.
Se divorció, renunció a su trabajo y cortó relaciones con su familia...
Reanudó sus sueños y se transformó pasando a ser una ama de casa ridiculizada a llegar a la cima del sector tecnológico.
Sin embargo, un día, su identidad secreta y su enfermedad se hicieron públicas.
Su hermano adoptivo, siempre rebelde, tenía los ojos rojos y le suplicó: —Xime, ¿puedes llamarme 'hermano' una vez más?
Diego, siempre despiadado, enloqueció y exclamó: —Querida, te entrego mi vida, no me abandones...
Pero para Ximena, el amor tardío era despreciable. Ya no lo necesitaba...

Patricia Medina y Álvaro Flores contrajeron matrimonio de manera precipitada, sin celebrar una boda ni disfrutar de una luna de miel.
Tras tres años de un enlace pacífico y armonioso, una noche, en un episodio de ebriedad, Álvaro mencionó el nombre de otra mujer. Fue entonces cuando Patricia descubrió que su corazón albergaba a alguien más. Álvaro fue quien tomó la decisión de solicitar el divorcio, buscando así poner fin a su unión.
Patricia, lejos de reaccionar con un escándalo, mostró incluso más interés en proceder con la separación: —No te acosaré, sinceramente espero que encuentres a la persona que realmente amas.
…
Patricia no se aferró al pasado y se abrió a una nueva relación. No tardaron en hablar de matrimonio y todo parecía encaminarse adecuadamente. Sin embargo, la noche antes de su compromiso, ella bebió en exceso y perdió el equilibrio, cayendo en brazos de un hombre alto que la sujetó por la cintura mientras decía: —¿Ya terminaste de hacer escenas?
Con serenidad, Patricia se apartó de él y lo miró como a un desconocido: —Por favor, compórtate. Estoy a punto de casarme y no quisiera que mi prometido lo descubriera...
—Déjalo saber, tú eres mi mujer.