En el día de su vigésimo quinto cumpleaños, Mónica Pérez observó cómo su novio, Pablo Gómez, deslizaba un anillo de compromiso en la mano de otra mujer.Él le solicitó que mostrara generosidad y dejara su fiesta de cumpleaños para ir con la mujer que ahora reposaba en sus brazos.Entonces, decidió que también dejaría ir al novio.Mónica sugirió terminar la relación, pero Pablo no lo tomó en serio y apostó con sus amigos que Mónica suplicaría su perdón en menos de tres días...Sin embargo, lo que recibió fue a Mónica llegando del brazo de su tío Sergio, arrojándole el certificado de matrimonio en la cara: —Ahí tienes, sobrino, ¡llámame tía!