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Capítulo 5

Punto de vista de Amelia Me reí al ver la emoción de Lola. "Sabrás qué es el regalo que le dejé cuando llegue el momento", le dije con una sonrisa. “Oh, vamos, Alia. Soy tu mejor amiga. Ya cuéntame sobre la sorpresa que le preparaste", insistió ella. "No te preocupes, te aseguro que una vez que lo descubran, no hablarán más que de eso durante un rato", sonreí, mientras me imaginaba la expresión que pondría Ernesto al darse cuenta de lo que había hecho. “Entonces, ¿no me vas a decir? ¡Qué mala!", se quejó Lola, haciendo un puchero. Me reí y acaricié su cabeza. Lola y yo éramos tan diferentes. Mientras que yo era alta y delgada, ella era chaparrita y tenía unos ojos enormes y llenos de inocencia, como si fuera una niña. Sin embargo, no había que dejarse engañar por su apariencia, pues era una loba impulsiva e increíblemente fuerte: ¡podía hacer un hoyo en la pared de un puñetazo! Ni yo me atrevía a estar cerca de ella cuando se enojaba. "Bueno... ahorita lo más importante es romper mi vínculo de pareja con Ernesto. ¿Sabes cómo hacerlo?", le pregunté. Y es que yo no tenía idea de cómo lograrlo. Primero pensé que bastaría con rechazarlo, pero en realidad eso sería un rechazo común y corriente. “Alia, ¿estás segura? No será como un rechazo cualquiera", me advirtió mi amiga. "Lo sé, pero ya lo decidí. Además, no me importan ni Ernesto ni la Manada Garra Roja. Ahora yo seré mi prioridad y me dedicaré a cuidar de la Manada Plenilunio. Y cuando ese hombre se entere de que yo soy más poderosa que él, se dará cuenta del error que cometió", respondí con seguridad. Mi amiga me miró fijamente a los ojos, para revisar que no hubiera atisbo de duda en ellos. Una vez que estuvo satisfecha, suspiró. "Entonces, ¿me dices cómo romper el vínculo?", insistí. Lola se debatió internamente unos segundos, antes de decir: "Escuché que deben rezarle juntos a la Diosa Luna. Después, Ernesto y tú tienen que rechazarse al mismo tiempo". "Suena fácil", comenté, despreocupada. "Alia... La ruptura del vínculo no solo te romperá el corazón. Podría lastimar tu alma y la de Alexa", dijo, con una mirada en la que se reflejaba el terror. “Entonces, ¿prefieres que me quede con un hombre que no me ama y permita que Maia siga violentándome?", le respondí, sosteniéndole la mirada. "No es eso. Solo no quiero que salgas lastimada”, contestó ella, tomando mis manos entre las suyas y bajando la mirada. “Lola, gracias por preocuparte por mí, pero Alexa y yo somos más fuertes de lo que piensas. Además, tú y yo hemos sido mejores amigas durante años, así que ¿de verdad crees que no soportaré romper el vínculo?", le pregunté, sonriente. Ella se quedó un rato con la mirada fija en nuestras manos, pero finalmente alzó la cabeza y con una mirada llena de esperanza, comentó: "Tienes razón. Eres la loba más poderosa que conozco y sé que estarás bien. Ya quiero ver la cara que pondrá el m*lnacido de Ernesto cuando se entere de que eres Alfa de la segunda manada más fuerte del mundo". "No se diga más. Por cierto, ya me siento mejor. Mi fiebre desapareció y todas mis heridas sanaron, así que quiero que me den de alta. Así, podré volver a la Manada Garra Roja para romper de una vez con todas mi vínculo con Ernesto", le dije. "De acuerdo. Espérame aquí en lo que hago el papeleo", me pidió mi amiga, antes de salir del lugar. Sonreí mientras la veía desaparecer. Era afortunada por tener una amiga como Lola. Apenas me quedé sola, suspiré. 'Alexa, ¿escuchaste lo que dijo Lola? ¿De verdad es buena idea romper nuestro vínculo con Ernesto?', le pregunté a mi loba. 'Claro que sí. Es un c*brón y lo mejor será cortar toda relación con él', gruñó. 'Pero ¿y si te lastimo en el proceso?', comenté. Por mucho que quisiera romper mi vínculo con Ernesto, no quería lastimar a Alexa. 'No te preocupes por mí, Amelia. Incuso si salgo herida, me recuperaré en poco tiempo', me tranquilizó ella. '¿Segura?', insistí. 'Totalmente. Así que tú concéntrate en romper tu vínculo con ese m*ldito', contestó. 'Bueno. Sobreviviremos a esto', le dije. “Claro que sí. Ernesto y su lobucho no nos vencerán', resopló con arrogancia, poniéndome de buen humor. Tras un rato, Lola regresó en compañía de una enfermera, quien me quitó la aguja que me administraba medicamento intravenoso y me dio de alta. “Alia, ¿quieres que te lleve a la Manada Garra Roja?”, me preguntó mi preocupada amiga. "No. Esto es algo que tengo que hacer sola”, respondí, apretando suavemente su mano. "Bueno, pero acuérdate que puedes contactarme en cualquier momento si las cosas se ponen difíciles", contestó. Me reí por segunda vez en el día. Lola era tan adorable: se preocupaba por mí, a pesar de que yo no necesitaba que nadie me cuidara. “Acuérdate que ya no amo a Ernesto. Además, soy una alfa. Si intentan hacerme algo, me defenderé", le recordé y guiñé un ojo. "Tienes razón. Si se ponen pesados, ¡demuéstrales quién manda!", pidió una animada Lola. Seguimos platicando en nuestro camino hacia el estacionamiento. Una vez que llegamos, me despedí de ella y me metí al barato carro negro que compré para ocultar mi verdadera riqueza y que usaba para demostrarle a Ernesto que no me había casado con él por su dinero. Luego, manejé hasta la Manada Garra Roja. Apenas bajé del auto, sentí todas las miradas sobre mí. A mis oídos llegaron los primeros insultos y vituperios. "¡Mírala! ¿Cómo se atreve esa desvergonzada a volver", dijo alguien. “¡Es una sinvergüenza! Aparecerse aquí después de matar un bebé inocente", agregó un segundo. "¿No pretenderá seguir siendo nuestra Luna después de su crimen?", añadió un tercero. “¿Crees que vino para disculparse con Maia y suplicarle perdón a Ernesto?”, se sumó una cuarta persona. Yo ignoré todas las cosas desagradables que se decían de mí y caminé directamente hacia la oficina de Ernesto. Me tenía sin cuidado lo que esa gente creyera de mí. Ya no sentía nada desde que Ernesto me obligó a arrodillarme y me pidió que me disculpara con Maia por errores que nunca cometí. Apenas llegué a mi destino, entré sin tocar la puerta. Me recibieron Hugo y Ernesto, con la sorpresa en el rostro. Antes de que mi esposo pudiera humillarme, hablé. “Te espero mañana en la noche, en el altar de nuestra diosa. Cuando la Luna ilumine el lugar, daremos inicio a la ceremonia para acabar con nuestro vínculo de pareja. No te olvides de redactar el acuerdo de divorcio. Y no necesito ninguna compensación, solo quiero separarme de ti y que no se nos vuelva a relacionar nunca más. Con librarme de ti y de la Manada Garra Roja me basta", solté y me fui, sin darle la oportunidad de responder.

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