Capítulo 88
Bruno no pudo evitar llevarse una mano al pecho; el dolor punzante lo hizo quedarse sin aliento y su garganta se apretó.
Sentía una angustia profunda al pensar en el amor reprimido de Sofía hacia él.
A pesar de que sabía que su padre estaba justo frente a ella, Sofía no se atrevía a reconocerlo.
Bruno miró al cielo nocturno, que hasta hacía un momento estaba oscuro y gris. No sabía en qué momento, pero un pequeño agujero se había abierto en las nubes.
Dejando que una débil luz de luna lo iluminara.
Esa pequeña luz pareció mostrarle una esperanza.
Contuvo sus emociones con dificultad, y su voz sonó grave y quebrada: —Mi amor, todo esto es culpa mía. Te hice pasar a ti y a mamá por mucho sufrimiento. Prometo que buscaré la manera de compensarlo. Por favor, créeme. ¿Está bien?
Sofía, al escuchar el tono de voz de Bruno, parpadeó varias veces con sus grandes ojitos y, con una voz suave y dulce, le respondió: —Papá.
—No llores.
Las palabras de Sofía fueron como un bálsamo, e
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