Capítulo 57
Alicia respondió inmediatamente: [No hace falta, iré con Víctor, no te molestes.]
Al leer ese mensaje, Bruno frunció el entrecejo.
Cada palabra de Alicia estaba cargada de frialdad.
Desde su reencuentro, Alicia se había convertido en una pequeña eriza; siempre que él intentaba acercarse, ella levantaba sus espinas, alerta, protegiéndose.
Como si él fuera un enemigo que quisiera herirla.
¿Cuántos golpes habrá recibido para volverse tan cautelosa?
Bruno esbozó una sonrisa amarga.
[Está bien, te envío la dirección.]
Esa tarde, Alicia, acompañada de Sofía y Víctor, llegó a la casa de Alberto.
Al llegar al pie del edificio, vieron a Bruno apoyado en su coche.
Al verlo, Bruno apagó el cigarro que tenía en las manos y se acercó a ellos.
Observó a Sofía en brazos de Víctor, aún le costaba aceptar esa realidad.
Pero hizo un esfuerzo por no mostrarlo y, de manera casual, miró a Alicia y dijo: —Alberto habla alemán, me preocupaba que no pudieras entender bien, y eso podría retr
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