Capítulo 58
Poco después, una abuela de figura algo regordeta, con una sonrisa radiante en su desgastado rostro, salió apresurada al encuentro de ellos.—¿Señorita Luisa... que alegría que ha venido?
Luisa se sorprendió un poco.—¿Abuelita, me conoce?
La anciana se acercó cariñosa a Luisa, con los ojos turbios llenos de lágrimas, y con una expresión emocionada, le dijo: —Luisa, ya has crecido tanto, ¡qué rápido pasa el tiempo!
Luisa abrió ligeramente la boca, sin entender del todo qué estaba ocurriendo.
Andrés aprovechó ese mágico momento para intervenir: —Mi extraordinaria habilidad culinaria la aprendí aquí.
Luisa lo miró de reojo.
Andrés continuó explicando: —Ella es la abuela Natalia, antes fue la ama de llaves de la familia López. La tía Paola también aprendió a cocinar con ella.
La abuela Natalia asombrada miró a Luisa, llorando de alegría.—¿Eres en realidad Luisa? ¡Tus ojos son igualitos a los de tu hermosa mamá! Luisa, cuando eras pequeña, ¡yo te cargaba!
Al escuchar que la abuela Natalia me

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