Capítulo 5
Scarlett deambuló por la ciudad de Nueva York durante horas. Sentía la cabeza a punto de estallar, con la sensación de que la locura se estaba apoderando de ella. Al cruzarse con los transeúntes que encontraba a su paso, se dio cuenta de que la miraban con lástima al percatarse de su rostro lloroso y de que se abrazaba como tratando de consolarse a sí misma. Seguramente pensaban que era una pobre loca patética.
Ahora ella lo había perdido todo, ¡en un solo día! Scarlett comenzaba a preguntarse si valía la pena seguir con vida. ¿Quién era sin su padre, sin su amado prometido Austin? No era nadie. Toda su existencia dependía de los demás y ahora que se encontraba sola estaba destinada a la perdición. No encontraba la salida a su situación.
El sol comenzó a ponerse por arriba de los altos rascacielos, iluminando la ciudad con sus tonos rosas y púrpuras. Las avenidas estaban repletas de autos y en las banquetas los neoyorquinos corrían de un lado a otro para llegar a casa o para meterse en los bares a pasar un buen rato. Scarlett se sintió atrapada en medio de ese caos, sin saber qué hacer consigo misma.
Irse a su casa no era una opción. Por un lado, no quería ver a su padre, pues él no se molestó en llamarla o en enviarle un mensaje de texto para ver si se encontraba bien; eso demostraba que ella ya no existía para él. Por el otro, no se sorprendería si ya estuvieran mudándose esas dos mujeres a la casa de su familia. No, ella definitivamente no podía regresar allí.
Otra opción era dirigirse a la casa de su amiga Charlotte. La idea le iluminó la cara con una pequeña sonrisa, pero se desvaneció rápidamente cuando recordó que ella estaba fuera de la ciudad. Además, no sabía si podía confiar en sus amigos. Le llevaría tiempo superar lo que Megan le había hecho.
Scarlett decidió seguir caminando, pues tal vez eso la ayudaría a decidir qué hacer. Cuando pasó frente a un restaurante, escuchó que su estómago le rogaba por un poco de comida. No había comido nada en todo el día, y al oler el aroma de un delicioso bistec a la parrilla con papas asadas se le hizo agua la boca.
De repente, se dio cuenta de que el vecindario en el que se encontraba le resultaba muy familiar. Solía ir a menudo allí en compañía de sus padres. Obviamente, eso fue antes de la muerte de su madre, ya que tenían la costumbre de cenar fuera de casa al menos dos veces por semana. ¡Qué tiempos tan felices!
Dejó que su mente se dejara llevar por los recuerdos, así que siguió caminando sin punto fijo, y por azares del destino encontró su restaurante favorito. No había cambiado mucho, por lo que le trajo unos dulces recuerdos acerca de su madre. Una sonrisa se asomó por sus labios cuando notó que el restaurante era parte de un hotel de lujo. Pensó que era una señal de parte del universo, ya que podría cenar allí y después quedarse a pasar la noche en una de sus habitaciones.
Scarlett entró en el restaurante con pasos cautelosos. Había mucha gente en ese momento, por lo que caminó entre las mesas para encontrar una en la que se sintiera cómoda. De repente, sus ojos vagaron al otro extremo del lugar y, al mirar la barra, un grito ahogado trató de escapar de sus labios. Acababa de encontrarse con los ojos de alguien a quien realmente no esperaba. Megan seguía arruinándole el día.
Ella se detuvo en seco y se quedó congelada durante un momento, luego dio un paso hacia atrás, con la esperanza de salir del restaurante sin que nadie se percatara de su presencia. Sin embargo, todo fue en vano, pues Megan ya la había visto. La expresión inicial de sorpresa de la chica, pronto se convirtió en una mueca maliciosa. Seguramente pensaba que tenía una nueva oportunidad de humillar a Scarlett. Ella estaba bebiendo un coctel al lado de su madre, pero repentinamente había encontrado algo más entretenido en qué ocuparse.
De pronto, tomó su copa de encima de la barra y se dirigió hacia Scarlett, balanceando sus caderas de izquierda a derecha, mientras su vestido negro abrazaba perfectamente la forma de su cuerpo.
“¡Bueno, bueno, bueno!”. Lanzó una pequeña risita. "¡Pero si es Scarlett Devins!".
"¡¿Qué di*blos estás haciendo aquí?!", siseó la aludida.
“Yo soy quien debería hacerte esa pregunta. Llegué antes que tú y si no te conociera mejor, diría que me estabas siguiendo”.
Scarlett empuñó las manos sin palabras para contestar, al tiempo que veía que la gente las observaba con curiosidad. Se sentía tan agotada emocionalmente que no pensó que valiera la pena comenzar otro escándalo. Sin embargo, Megan no parecía compartir su opinión.
“Papá nos invitó a comer”, dijo suspirando mientras se miraba las uñas impecablemente arregladas. “¿Sabes? Después de la forma en que nos trataste, necesitábamos relajarnos y dejar de pensar en todo lo que pasó. Creo que papá se enojará mucho cuando descubra que nos seguiste hasta aquí para seguir atormentándonos. ¡Ah! Por cierto, invitamos a Austin, por lo que deberá llegar pronto. Tal vez quieras quedarte para saludarlo, ¿qué te parece?".
Las lágrimas empezaron a resbalar por las mejillas de Scarlett. Aunque no quería que las palabras de Megan se filtraran en su corazón, no pudo evitarlo. La golpearon bastante fuerte, en lo que más le dolía. Por un lado, su padre estaba llevando a su otra familia al mismo restaurante al que ella solía ir con su madre, por el otro, incluso su prometido se había unido al bando contrario.
"Vete a la m*erda, ¿de acuerdo?", respondió ella con tono suave, estaba demasiado quebrada como para siquiera alzar la voz.
“Pero aún no he terminado, Scar. No te he dicho lo mejor. Adivina qué... ¡Mañana nos mudaremos con papá! ¿Crees que él me deje ocupar tu habitación?".
Scarlett sintió que se erizaba, con el ardor de la rabia en la boca del estómago. Megan vio el brillo en sus ojos y se rio, inclinándose hacia ella para seguir molestándola.
“M*erda, hermanita. ¿Ahora qué piensas hacer? Tomé a tu padre, tu casa y tu hombre en el lapso de un día. ¿Cómo te las arreglarás?".
Era obvio que la chica estaba haciendo todo lo posible por sacarle una reacción explosiva, pero no lo consiguió, ya que ella decidió tragarse su ira e irse de ahí. Ya no estaba dispuesta a pelear. Alguien tan desvergonzado no merecía ni la mitad de su tiempo, así que se dirigió hacia la puerta del restaurante para retirarse dignamente. Sin embargo, Megan no soportaba que no le hiciera caso y le gritó: "¿No quieres saber por qué dejaste de interesarle a Austin?".
Scarlett no supo por qué esas palabras la hicieron detenerse en seco. De lo que sí estaba consciente era de que Megan estaba tratando de lastimarla y ella se lo estaba permitiendo. ¿Podía ser más idiota? ¡Pero estaba tan dolida! Austin ya no respondía sus llamadas y ella no sabía por qué. ¿Qué le había dicho Megan para destruir su relación? ¿Qué podía haberlo convencido de que ella no valía la pena, que ni siquiera quiso escuchar su lado de la historia antes de darse por vencido?
El restaurante se quedó en silencio, mientras todas las miradas se clavaban en ellas a la expectativa.
“Le dije qué clase de z*rra eres, Scar. Que te acostaste con varios hombres mientras andabas con él. También le conté que tuviste muchos abortos y... ¡Vaya! ¡Estaba tan enojado! De verdad que yo nunca lo había visto así. Y con las pruebas que le mostré, no tuvo más remedio que creerme y buscar mi consuelo”.
Scarlett se dio la vuelta lentamente y miró el despreciable rostro de Megan, con una mezcla de orgullo y odio.
"¡No me mires así! Esto es lo que te mereces, ¿de acuerdo? Tu madre fue la que nos robó a mi padre. Se quedó con él y... ¿Pensaste que lo olvidaríamos sin hacer nada? ¡Jamás! Solo te estoy dando lo que te mereces. Ahora, incluso tu hombre es mío. Pero no creas que voy a detenerme allí. Te quitaré todo, incluido tu apellido. Lo que pensaste que solo te pertenecía a ti, ahora será mío. Solo espera y verás. Te destruiré, poco a poco. Esto solo es el comienzo".
Scarlett no pudo contenerse más. Nunca había sentido tanto odio como en ese momento, así que se abalanzó en contra de Megan, la agarró por los hombros y le dio un cabezazo. Toda la gente que estaba en el restaurante se quedó sin aliento. La chica gritó de dolor y la otra volvió a atacar tratando de romperle la nariz. Desafortunadamente, su contrincante estaba relativamente bien y lo peor que le pasaría sería amanecer con un chichón en la frente.
"¡Ay! ¡¿Qué sucede contigo?!", chilló Megan.
"Voy a matarte", exhaló Scarlett en voz baja. "Te voy a matar, p*rra".
Y realmente pensaba hacerlo. Habría envuelto sus manos alrededor de su cuello para exprimirle hasta su último aliento de vida, si no fuera por la furiosa voz que retumbó detrás de ella.
“¡Scarlett!”.
Ella volteó de inmediato y vio a Austin, quien había llegado para verla en su peor momento. Su corazón dio un vuelco al ver el rostro decepcionado de su prometido.
"¿Qué estás haciendo?", preguntó él con voz de enojo.
Ella quiso decir algo, pero no pudo pensar en una buena respuesta. Realmente, ella tampoco lo sabía.