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Capítulo 3

El punto de vista de Amelia. Me quedé boquiabierta. Era increíble que Ernesto le hiciera esto a su propia compañera. Luché contra los guardias que me llevaban hacia la puerta. Una vez fuera, me empujaron por los hombros. Como una futura Alfa, mi fuerza no era ordinaria. Resistí sus empujones y me mantuve en pie. Sin decir nada, Ernesto me miraba con frialdad. Al ver que los guardias no podían obligarme a arrodillarme, se acercó a nosotros y me dio una patada en la parte posterior de las rodillas. Quedé sorprendida, ya que no me lo esperaba. Mis rodillas cedieron y caí al suelo, él logró que me arrodillara con su patada. "Quédate aquí y recapacita sobre lo que has hecho", dijo con severidad antes de ordenarle a los guardias que se aseguraran de que yo siguiera de rodillas. Luego se dio la vuelta y volvió a entrar a la casa, cerrando la puerta tras de sí. Los guardias siguieron sujetándome por los hombros, presionándome e impidiendo que me levantara. Era la primera vez en mi vida que me sentía tan humillada, y quien lo hacía era mi propio compañero. La ira recorrió cada fibra de mi cuerpo. No podía creer que mi pareja fuera tan despiadada. 'M*ldito d*sgraciado', lo insultó Alexa. Coincidí con ella. Ernesto era un m*ldito d*sgraciado. El fuerte viento que soplaba a mi alrededor no ayudaba. Sentía tanto frío que mi cuerpo temblaba hasta hacerme rechinar los dientes. Aún no me había cambiado la ropa mojada ni me habían limpiado y vendado las heridas. Al cabo de no sé cuántas horas de estar arrodillada, mi compañero por fin salió. "Ernesto, yo...", seguía teniendo esperanzas de que me escuchara, pero lo que dijo a continuación borró todo mi optimismo. "¿Has reflexionado sobre lo que hiciste? ¿Estás lista para disculparte con Maia?", me interrumpió tajantemente. "¿Así es como tratas a tu compañera?", pregunté mientras apretaba los dientes. "¿Compañera?", se echó a reír. "¿Crees que me importa que seas mi pareja? Para mí, una compañera es solo un peldaño para hacerme más fuerte. Un Alfa necesita una Luna para fortalecerse a sí mismo y a su manada", dijo con frialdad. Jadeé y empecé a sentirme molesta. "Tú... ¿Jamás te preocupaste por mí? ¿Nunca me amaste?" "¿Amar?", preguntó y me miró de forma burlona. "Te elegí como compañera y me casé contigo fue para que mi manada tuviera una Luna". Lo miré y sentí que mi corazón se quebraba. Tres años. Fueron tres años de ser su compañera y su Luna. Había intentado con todas mis fuerzas ser una Luna perfecta para él. ¿Y eso era todo lo que significaba para él? ¿Un medio para evitar disgustos y un peldaño para ser más fuerte? "¿Estás preparada para reconocer tu error?", preguntó impaciente. Alcé el mentón con terquedad. "¡JAMÁS!" "Entonces arrodíllate hasta que reconozcas tu error", espetó y se dio la vuelta para entrar de nuevo a la casa. "Alfa", de repente apareció Beta Hugo. "Maia se ha despertado, y no para de llorar". "¿Qué? ¿Ya la ha examinado el doctor?", preguntó Ernesto con preocupación. "Está histérica y no ha permitido que nadie se le acercara", informó Beta Hugo. "De acuerdo, ahora iré al hospital", dijo mi compañero. Después se dirigió a mí y me dijo: "No causes más problemas o te atendrás a las consecuencias". Luego de advertirme, se fue a toda prisa con su Beta. Los dos guardias los siguieron ya que eran la escolta personal de mi compañero. Solté una risa amarga. Qué est*pida fui al pensar que las parejas debían enamorarse la una de la otra. Tras oír sus palabras, dejé de tener esperanzas en él. Lo único que sentí fue decepción. Intenté ponerme de pie a pesar de tener las piernas entumecidas por estar arrodillada tanto tiempo. Me apoyé en las paredes y caminé despacio hacia nuestro dormitorio. '¿Dejarás a ese b*stardo?', me preguntó mi loba mientras me cambiaba de ropa. 'Sí. ¿Te parece bien?', le pregunté. Sabía que romper el vínculo de pareja sería muy doloroso para mí, pero sobre todo para Alexa. No sabía cómo le afectaría. 'Prefiero que lo dejes a que sigas unida a él', gruñó mi loba. '¿No te afectará?', pregunté. 'Me dolerá. Sufriré por un tiempo, pero lo superaré. Quiero que seas feliz, Amelia', dijo. Su comentario casi me hace llorar. Alexa fue la única que se preocupó por mí en los tres años que estuve casada con Ernesto. 'Bueno, no llores ahora', intentó consolarme. '¿Qué plan tienes en mente?' 'Irme de aquí y regresar a la Manada Plenilunio', le dije mientras empezaba a empacar mis cosas. 'Muy bien', me dijo, y pude sentir lo orgullosa que estaba de mí por haber tomado esta audaz medida. Cuando terminé de hacer la maleta, la arrastré y salí sin que nadie se diera cuenta. Todos andaban ocupados haciendo comidas nutritivas para Maia en la cocina o yendo al hospital a cuidarla. «Qué irónico», pensé. Él permitía que todos cuidaran de alguien que no era su pareja, mientras que nadie atendía a su compañera herida. Al mirar el cielo de la noche sin estrellas, sentí que las lágrimas volvían a caer. Había intentado ser su pareja perfecta durante tres años, pero todo se fue al traste por culpa de otra mujer. Comencé a caminar hacia la frontera de la manada mientras jalaba mi maleta. El viento empezó a soplar y temblé de nuevo a causa del frío. 'Amelia, ¿no quieres que vayamos primero al hospital para que te curen las heridas?', preguntó mi loba con preocupación. '¿Y ver a esas z*rras? No, gracias', le contesté, y Alexa no dijo nada más. Mientras más caminaba, más débil me sentía. Mi respiración se hizo más pesada, mis heridas empezaron a palpitar y sentí que mi visión empezaba a nublarse. 'Amelia, vamos primero al hospital', la voz angustiada de Alexa sonó en mi mente. Mi cuerpo se balanceó y caí al suelo, presintiendo que toda mi energía se había agotado. No podía mover ni un centímetro de mi cuerpo. Noté que la oscuridad se apoderaba de mí. «¿Qué debería hacer?» Se me vino una imagen a la mente y tuve que esforzarme mucho para abrir un enlace mental que no había utilizado en los últimos tres años. '¿Amelia?', preguntó un hombre con desconcierto cuando se abrió nuestro enlace mental. 'Sam... Ayúdame... Recógeme... en... la... frontera... de... la Manada... Garra... Roja', dije con mucha dificultad antes de desmayarme.

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