Capítulo 7
Megan estaba con los brazos cruzados sobre el pecho mirando su ensalada con disgusto. Después de que los echaron del Hotel Drunken Moon, tuvieron que ir a cenar al restaurante ubicado al otro lado de la calle. Ahí estaban los cuatro, todos con rostros sombríos comiendo en silencio, perdidos en sus propias mentes.
No solo tenían el orgullo herido, sino que no podían evitar su resentimiento al pensar que, en ese momento, Scarlett estaba en uno de los mejores hoteles de Nueva York, probablemente siendo consentida por todo el personal. Megan estaba tan molesta que tenía un nudo en la garganta que le impedía comer. Todo su arduo trabajo parecía haber sido en vano. Había pasado por las buenas y las malas para arrebatarle a Scarlett lo que envidiaba, pero nunca esperó lo que acababa de suceder. ¿Cómo llegó a conocer a un hombre tan poderoso como el CEO de Corporación Globex? La curiosidad la estaba volviendo loca.
"¡Come!", ordenó su madre, dándole un ligero codazo.
Megan negó con un movimiento de cabeza y expresión malhumorada. Entonces su padre trató de animarla.
“No te preocupes, Meg. No importa que nos hayan echado, pues este restaurante es mucho mejor. Deberías probar el bistec, tiene un sabor divino”.
Sin embargo, ella puso los ojos en blanco. “No me importa la maldita comida, papá. Lo que quiero saber es cómo Scarlett logró eso. La p*rra no se está acostando con el director ejecutivo de Corporación Globex, ¿o sí?".
En cuanto acabó su frase, ella notó que su padre apretaba su tenedor con incomodidad y ponía una sonrisa forzada. “Cariño, sé que estás molesta, pero no debes insultarla, ¿de acuerdo? Ella es tu hermana".
“Aunque sea mi hermana, no puedo ocultar la verdad. Ella debe haberse acostado con él, después de todo, no sería el primer hombre".
La chica estaba tan acostumbrada a sus mentiras que ella misma se las creía. Sabía que Scarlett era virgen antes de caer en su trampa, pero ni siquiera pensó en eso. Entretanto, Austin estaba sentado frente a ella con una cara tan larga que Megan supo que estaba celoso. Desafortunadamente, sus sentimientos por Scarlett todavía estaban muy presentes.
“Nunca lo habría esperado”, se quejó el joven, con tono de queja. “Scarlett me engañó como a un tonto. Todo este tiempo, me hizo creer que yo era el único cuando…".
"Siempre ha sido una mentirosa", lo interrumpió Megan.
“Pero aun así… ¿Cómo lo hizo? Nadie sabe quién es ese hombre. Yo mismo he tratado, por todos los medios, de conseguir una cita de negocios con él y me ha sido imposible”.
"Qué quieres decir con 'cómo'? ¡Te diré cómo lo hizo! ¡Solo tuvo que abrir las piernas!”.
"¡Megan!", retumbó la voz de su padre, quien golpeó la mesa con el puño.
La chica supo que tendría que quedarse callada, para no correr el riesgo de que su papá se enojara más de lo que ya estaba.
“Lo siento, pero estoy demasiado enojada con ella. Hizo que te echaran de un restaurante, ¡por el amor de Dios!".
Su estrategia funcionó a la perfección, ya que él rápidamente se olvidó de su falta de respeto, para enfocarse en que lo habían echado del hotel escoltado por los guardias de seguridad.
“Nunca me habían humillado tanto en mi vida”, se quejó.
Él era un conocido hombre de negocios, respetado por todos sus socios y compañeros. Afortunadamente, ningún conocido estuvo presente en el restaurante para presenciar su vergüenza. ¡Y todo por culpa de Scarlett!
Austin podía relacionarse con lo que el otro hombre estaba sintiendo, pero Megan y su madre estaban bastante acostumbradas a ese tipo de situaciones. No eran de familias adineradas y, por desgracia, estaban acostumbradas a recibir el maltrato de la gente.
Todos observaron con curiosidad que el padre de las chicas sacaba su teléfono con una mirada de determinación.
"¿Qué haces, cariño?", le preguntó Joyce.
"Estoy bloqueando todas las tarjetas de crédito de Scarlett", respondió.
Megan se incorporó con un destello de emoción en los ojos. Era la primera vez que quitaba la cara de berrinche que llevaba desde que la sacaron del Hotel Drunken Moon.
"¡¿De verdad?!", preguntó sonriendo.
"Sí, ya lo decidí. Creo que he sido demasiado indulgente con ella y debo darle una lección. Mi hija menor sabrá que no es nada sin mí. No volverá a casa, ¿eh? Veamos cómo sobrevivirá sin mi ayuda”.
El padre de Megan sonrió con petulancia después de quitarle a su hija la posibilidad de gastar su dinero. Una vez que guardó su teléfono, los cuatro reanudaron su cena con el corazón más ligero. Sentían estar compensando la humillación que sufrieron por culpa de Scarlett.
En ese instante, justo al otro lado de la calle, la joven se la estaba pasando en grande en la sala privada más lujosa del hotel. ¡Y pensar que su día había comenzado con una tragedia!
Scarlett picoteó de cada uno de los platos de su mesa, la cual estaba repleta de los más deliciosos manjares, y probó los guisos más sabrosos de su vida. Se sentía muy a gusto bebiendo pequeños sorbos de un rico vino dulce francés, mientras se deleitaba con los sabores de la rica cocina del lujoso hotel. En ese instante, ella se sentía como si fuera de la realeza.
Era evidente que no podría terminarse toda esa comida, así que decidió que ya había tenido suficiente, aunque todavía quedaban muchos platos llenos sobre la mesa. Unos minutos más tarde, la puerta se abrió de nuevo y una mesera le preguntó si se le ofrecía algo más. Scarlett le agradeció, diciéndole que ya estaba satisfecha. La muchacha se fue, pero regresó un momento después, con el mismo gerente de antes.
“Espero que la cena haya sido de su agrado, señorita”.
"Sí, gracias. Definitivamente lo fue", respondió Scarlett con una risita. “Me he llenado tanto, que apenas puedo respirar”.
"Qué bueno saber que le agradó", respondió el hombre, con cordialidad. "Si está lista entonces, la llevaré a una de nuestras habitaciones VIP".
"¡Claro, vamos!".
Scarlett lo siguió hasta el ascensor y sus ojos se abrieron con sorpresa, cuando el gerente presionó el botón de uno de los últimos pisos del hotel. Sabía que allí estaban las suites presidenciales que costaban una fortuna. La chica estuvo a punto de decir que no podía pagar tanto, pero luego cambió de opinión. De todos modos, pensaba utilizar el dinero de su papá. Como estaba tan enfadada con él, creía que merecía un castigo y hacer que él gastara mucho en ella era lo menos que se merecía.
Si la sala privada del restaurante era lujosa, la suite a la que llevaron a Scarlett era un pedazo del Paraíso. Cuando la puerta se abrió, ella tuvo a su disposición una habitación decorada con los muebles más elegantes y una vista de ensueño de la ciudad de Nueva York, la cual podía apreciarse desde una enorme terraza. Algunas camaristas estaban terminando de ordenar el lugar, pero se apresuraron a salir por la puerta al ver que la huésped había llegado.
"Hemos preparado un baño para que se relaje antes de ir a dormir, señorita", le informó el gerente. “¡Disfrútelo!”.
"De verdad, no puedo estar más agradecida por todas estas atenciones", dijo Scarlett.
“No necesita hacerlo, es mi trabajo. Si necesita algo más, solo tiene que llamar a recepción. Buenas noches, ¿señorita…?".
"Devins, soy Scarlett Devins".
"Mucho gusto, buenas noches, señorita Devins".
Scarlett se despidió haciéndole un gesto con la mano y el gerente sonrió antes de salir de la suite. Cuando estuvo sola, se dio la vuelta lanzando un grito de felicidad al contemplar su cuarto de ensueño. Era un espacio de aproximadamente seiscientos metros cuadrados. Contaba con dos dormitorios principales, así como con una amplia sala, junto a un espacio de entretenimiento. La decoración era moderna y lujosa. Definitivamente, del agrado de la chica.
Ella se dirigió al baño donde la esperaba una tina con agua caliente. Junto a esta había una mesita con otra botella de vino francés añejo, similar al que había tomado durante la cena.
Scarlett se quitó lentamente el vestido y la ropa interior, para colocar todo en el armario. Al pararse frente al gran espejo, ella recordó lo quebrantada que había estado esa misma mañana, mirando una imagen diferente de sí misma. Nunca hubiera pensado que su día terminaría así. Su espíritu se elevó, aliviando su corazón roto. Todo eso la estaba haciendo sentir un poco mejor.
La chica entró en la bañera para sumergirse en el agua tibia, la cual tenía pétalos de rosas y aceites esenciales. Luego oprimió el botón de la pared que ponía en acción el aparato de sonido y una música ligera llenó el ambiente. Entonces, ella bebió sorbos de vino con una sonrisa perezosa en el rostro. La chica se relajó tanto que estuvo a punto de caer dormida. Su baño duró más de una hora antes de que decidiera que era hora de meterse en la cama. Salió y se puso una bata que estaba en el armario a disposición de los huéspedes y se metió entre las cómodas sábanas de seda.
Scarlett no tenía idea de que, en el piso superior, había un hombre que estaba pensando en ella.
Ryke le daba vueltas a su vaso de güisqui, cuando alguien llamó a su puerta. No era otro que el gerente del hotel.
"¿Qué está haciendo ella en este momento?", le preguntó incorporándose de su asiento.
"La he llevado a su suite, señor", respondió el hombre. “En este momento, debe estar en la tina o preparándose para meterse en la cama”.
"Mmm... ¿Estaba contenta?".
"Sí, definitivamente estaba complacida, señor"
El gerente levantó una ceja cuando notó la pequeña sonrisa en los labios de su jefe. Ese gesto era extraño en la cara de alguien tan frío como él. Sin embargo, Ryke no parecía darse cuenta de que estaba sonriendo.
Pensaba en los ojos azules llorosos de Scarlett mientras la humillaban en el restaurante. Realmente, ella no se lo merecía después de la mañana que tuvo. El hombre sintió una imperiosa necesidad de protegerla, aunque no podía explicar por qué. Había algo en la pequeña Scarlett Devins que lo debilitaba. O tal vez solo se sentía culpable por lo que había pasado la noche anterior. El recuerdo de esas sábanas empapadas de sangre por la mañana lo hizo temblar.
"Cuídala, ¿de acuerdo?", le murmuró al gerente.
El hombre asintió y Ryke le dijo que podía retirarse. Se quedó solo en su cuarto a media luz, con Scarlett ocupando cada centímetro de su mente. De pronto, se vio a sí mismo la noche anterior, con su mano vagando por todo su pequeño cuerpo, tan sexi, que un escalofrío lo recorrió y sintió que se endurecía adentro de sus pantalones. Estaba acostumbrado a la compañía de mujeres hermosas pero... Scarlett era diferente.
Se sentía en deuda con ella después de tomar algo tan preciado como su virginidad. Ryke tenía que pagarle de alguna manera, aunque ella no lo quisiera. Por otro lado, esperaba tener la oportunidad de conocer a esa chica tan especial.