Capítulo 4
La noche anterior, la alta dirección de la Corporación Globex recibió un correo electrónico sorprendente. En él afirmaban que su director ejecutivo acudiría por la mañana al edificio de las oficinas ejecutivas a realizar una visita especial. Eso era muy extraño porque desde la creación de la empresa, los empleados no lo habían conocido y ni siquiera sabían su nombre.
De manera que los empleados llegaron a la oficina más temprano de lo habitual, para ocuparse de sus diferentes tareas, con el propósito de que su jefe viera que todo funcionaba a la perfección.
Todos se preguntaban por qué decidió aparecer de repente. Se rumoreaba que vivía en Europa y que dirigía otra empresa allí. No obstante, el hecho de ir a Nueva York era extraño, especialmente sabiendo que el negocio iba bien y que no había nada que requiriera su presencia en la empresa.
Se sabía que el CEO era una persona misteriosa. Había fundado Globex tres años atrás con un capital inicial de más de un millón de dólares, lo cual era muy impresionante.
En ese momento, la noticia fue de tal magnitud que todos hablaban sobre el asunto, e incluso en la actualidad, la compañía ocupaba un lugar importante en la industria a nivel internacional, motivo por el cual su nombre seguía en boca de todos.
A medida que la corporación iba creciendo, el director ejecutivo aportó algunos fondos adicionales de alrededor de diez millones de dólares, con los cuales se construyó el edificio de Globex, que era el más alto de la ciudad de Nueva York, y que era la representación visual del éxito de la empresa.
En solo dos años, habían logrado acabar con sus competidores dentro de la industria. Posteriormente, se expandieron a muchas otras áreas, tales como bienes raíces, finanzas, cine y otros tipos de entretenimiento. Globex tenía presencia en los mercados más rentables, por decir lo menos, e incluso así, la identidad del hombre detrás de ese portento comercial era un completo misterio.
Los ejecutivos de la empresa esperaban la llegada del exitoso joven a la sala de juntas con ansia. Susurraban entre ellos como niños emocionados, compartiendo sus opiniones acerca de cómo sería físicamente o cuál era en realidad el propósito de su visita.
Exactamente a las diez en punto, escucharon sus pasos por el pasillo, por lo que guardaron silencio esperando que él apareciera. Los ojos de los ejecutivos estaban sobre la puerta. De repente esta se abrió y entró el asistente personal del CEO, acompañado por un hombre mucho más joven.
Era muy alto y delgado, con un traje de diseñador que le quedaba a la perfección, delineando ligeramente las curvas de los músculos de sus brazos. El silencio en la sala era casi palpable cuando se dirigió hacia la cabecera de la larga mesa para pararse ahí y presentarse.
"Buenos días a todos. Mi nombre es Ryke Méndez y soy el CEO de Corporación Globex. Me siento honrado de conocerlos”.
Los saludos se elevaron por la sala, con voces vacilantes al principio, las cuales se volvieron más confiadas tras unos segundos. Después de todas sus especulaciones, ninguno de los ejecutivos adivinó que el jefe era tan joven. Para ellos era obvio que alguien tan poderoso y rico tendría que ser un hombre de mediana edad al menos, pero Ryke estaba muy lejos de tales expectativas.
Él se sentó e inició la junta, la cual no duró mucho tiempo, pero hizo que sus empleados se sintieran cómodos al afirmar que no estaba allí con el propósito de presionarlos. Siguió diciendo que solo quería una breve descripción del estado de la empresa, algo muy general, y los pasos que tomarían para alcanzar los objetivos de ese año.
Los ejecutivos se sintieron cómodos hablando con su jefe, ya que parecía muy comprensivo, además de dirigirse a ellos de manera directa, con un tono cordial. La reunión duró alrededor de treinta minutos, después les indicó que podían regresar a sus actividades.
Ryke estrechó la mano de algunos de ellos y les agradeció sus palabras de aliento. Muy pronto, se quedó solo con su asistente personal, Goldwin, quien se sentó a su lado para comentar los resultados de la junta.
"Creo que causaste una gran primera impresión", dijo este, para empezar. “Aunque has manejado perfectamente la empresa desde el extranjero, creo que las cosas solo podrán mejorar ahora que estás de vuelta en Nueva York. Tu familia estará encantada”.
Goldwin se sobresaltó un poco al percatarse de que su mirada era dura.
“Mi familia no podrá enterarse de mi regreso”, afirmó con voz estricta. "¿Discúlpame, pero por qué?", preguntó su asistente.
"Me escuchaste, no quiero que lo sepan".
“Pero, yo pensé que todo el propósito de este viaje era porque querías establecerte en Nueva York de una vez por todas. ¿Cómo podrías hacerlo sin decírselo a tu familia? Al menos tus padres deberían de enterarse. ¿Por qué ocultarlo?".
El joven apretó la mandíbula al responder.
“Créeme, que ellos lo sepan solamente provocará daños y ningún beneficio. Mis hermanos estarían sobre mis espaldas, tú lo sabes. No me dejarían en paz”.
Ryke odiaba hablar de ellos, ya que los consideraba sus peores enemigos. La rivalidad y la competencia eran las únicas relaciones que tenían entre sí. En realidad, él se fue al extranjero, entre otras razones, porque estaba harto de los juegos que propiciaban sus hermanos, quienes fingían ser una familia feliz cuando la verdad es que estaban en guerra permanente. Todo lo que querían era apoderarse de la fortuna de su familia y hacer uso de ella de la manera más egoísta posible.
Durante años, Ryke fingió ser el joven tonto que solo se preocupaba por divertirse, consumir drogas y pasar de una cama a otra. En realidad, era solo una fachada que usaba para confundir a sus hermanos mientras trabajaba en la construcción de su propio imperio.
“Recuerda que tu padre está enfermo”, comentó Goldwin con tono suplicante. “Al menos él debería saber que estás aquí. Tal vez puedas hacerle una visita en el hospital, discretamente, por supuesto, para que tus hermanos no se enteren."
Ryke frunció el ceño, reflexionando sobre lo que acababa de escuchar. Por supuesto que había pensado en ver a su padre, ya que incluso ese fue uno de los factores motivadores que lo trajeron de regreso a esa ciudad, pero necesitaba tener un plan antes de reunirse con él.
"Veré qué puedo hacer", respondió dubitativo.
El asistente estaba a punto de agregar algo cuando el teléfono de Ryke comenzó a sonar, por lo que contestó de inmediato cuando vio el nombre de uno de sus hombres. "¡Dime!".
"Señor, hemos reunido toda la información sobre la mujer de anoche".
“¡Espléndido! Y ¿qué encontraron?”.
“Su nombre es Scarlett Devins y no es una chica cualquiera. Descubrimos que en realidad está comprometida y nada menos que con Austin Miller. Hemos enviado todos los detalles de su relación a su correo electrónico. Écheles un vistazo y avísenos si hay algo más que podamos hacer por usted”.
"¡Perfecto! Los revisaré, muchas gracias".
Ryke colgó mientras una sonrisa amarga se asomaba entre sus labios. Su asistente lo miró con curiosidad, pero no dijo nada. El joven CEO se quedó pensando en que el nombre de Austin Miller no era uno que hubiera estado preparado para escuchar tan pronto. Mucho menos en tales circunstancias.
Sabía que había algo en esa chica. De hecho, tuvo el presentimiento de que ella representaría un activo valioso; ahora estaba seguro de ello.